Una mujer contra la carne, rebelión ante la violencia del mundo

La autora coreana Han Kang trae a España «La vegetariana», vigorosa novela con la que logró el Man Booker International


Madrid

El «preferiría no hacerlo» llevado al extremo. La negación existencial. La rebelión máxima ante la violencia humana. Han Kang (Corea del Sur, 1970) presentó hace unos días en Madrid su novela La vegetariana, editada por el sello independiente Rata, avalada por el prestigioso premio Man Booker International 2016 y con el siempre apetitoso ingrediente de la autora que no es profeta en su tierra. Nació en Gwangju y se trasladó a Seúl a los 10 años. Y algo de aquella sociedad está retratado en el libro, pero resulta -tal vez de ahí el premio- que de lo particular tiende a lo universal.

Es así que muestra símbolos que representan lo real: el capitalismo feroz de la economía coreana, la condición humana atrapada o la preponderancia del machismo. Suena todo a cultura global. Y Kang, que pasó unos días en España, asimila desde su óptica la sorpresa de comunicar con cierta fluidez con diferentes -en apariencia- culturas. Se sorprende de cosas sencillas: «Me gusta de España que la gente es muy cariñosa. Os dais dos besos al saludaros. Al día, por lo menos, os daréis diez», dice.

De eso no hay en La vegetariana. De este libro dice The New York Times: «Una novela poderosa y magnífica. Un canto a la belleza de morir». Su protagonista decide hacerse vegetariana, dejar de comer carne, para dar un paso atrás y no ser partícipe de la existencia hasta morir. Convertirse en planta; ese es el acto simbólico de insurrección contra la violencia y el desamor. Pero más que un suicidio es una renuncia.

La narración se cuenta desde la perspectiva de tres personajes, incluido el marido de la protagonista, que tiene lo que quiere: una mujer sumisa e insulsa. Por si suena a común en estos lares, ante la pregunta, la coreana, que pertenece a una generación de escritores que en torno a los 45 años está dotando de una nueva mirada a la literatura de aquel país, explica: «En Buenos Aires me sorprendió que me decían que era curiosa la coincidencia. Que también allí muchos hombres es lo que quieren», en referencia al machismo aún tan imperante. Pero por si hubiera esperanza, ofrece una dosis de ironía: «Siempre la hay para todos los seres humanos. Incluso, algún día, la capacidad de condolencia de los hombres...», afirma y generaliza a todo el ser humano.

La potencia de esta obra se pone de manifiesto en esa observación que se hace de la protagonista por tres voces (el marido, el cuñado y la hermana), y que incide en que cuando alguien intenta saber cómo es corre el riesgo de asumir la percepción que tienen los demás, como si, por mucho que nos empeñemos, fuéramos como nos ven. Ante esta cuestión también se expresa la acción interior: «Nos vean como nos vean, siempre hay algo muy dentro. Cada uno tiene su voz interior que hace que no solo seamos como opinan los demás».

Pero en la novela lo que transita es una imagen perturbadora de la existencia, en la que cabe la rebelión, en este caso llevada al límite de un modo íntimo. Han Kang sí que piensa que la opción convencional, y universal, es que el tiempo dote a todo de escepticismo. «Pero yo quería hacer una reflexión sobre una posibilidad diferente de condolernos», añade. Con ello logra un relato eficaz y existencial, en el que hay una pregunta que rompe: «¿Cómo puede alguien sentir tanto dolor y no gritar?», sugiere la propia autora, que juega con ese dolor exterior que fuerza el propio generado desde dentro. Un personaje, su hermana, actúa sobre como contradicción. Por un lado, entendiendo. Por otro, queriendo evitarlo.

Kang fue en Madrid una voz que susurraba palabras que a veces ni el micrófono lograba proyectar. Pero su susurro en La vegetariana, recibido a batacazos por la crítica de su país, se alzó con el Man Booker Internacional.

Ella tiene más libros y come carne (por prescripción facultativa). Sonríe ante la pregunta. Como una garantía de que detrás de aquella cuestión arrebatadora prefiere el pensamiento. Lo que la llevará a descubrir, entre otras cosas, que al día son más de diez besos en países exagerados.

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