Enrique Vila-Matas: «Una cosa es ser escritor y otra, escribir»

«Yo prefiero ser un creador con voz propia, y de hecho pienso que hace años que la tengo», dice el barcelonés


Barcelona / E. La Voz

Mac Vives, en paro, está obsesionado con su vecino, un reconocido autor que 30 años atrás escribió su ópera prima, de la que reniega por los muchos «momentos mareantes» que contiene. Pero Mac, que acaricia la idea de escribir, decide modificar ese libro y comenzar así a reescribirlo. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) acaba de publicar Mac y su contratiempo (Seix Barral), una novela metaliteraria plagada de juegos a través de los que reflexiona sobre literatura.

-«Escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos». Es una de las primeras frases de «Mac y su contratiempo». ¿Se escribe siempre desde el vacío?

-Esa frase la extraje del libro Escribir de Marguerite Duras, aunque la cambié un poco porque ella la hacía más larga y complicada. Quiere decir que en realidad no sabemos lo que escribiríamos si conociéramos el trasfondo de las palabras. Nadie escribe, porque aún no hemos empezado a escribir realmente lo que habría que escribir. Escribir es, pues, una tentativa. Kafka y Valéry dijeron los dos lo mismo: «Para mí escribir es un ensayo, un ejercicio». Todo esto es solo una prueba para, algún día, llegar a decir algo que realmente tenga consistencia.

-Y le sigue otra contundente: «Escribir es dejar de ser escritor».

-Hace años, para una revista francesa de política, me pidieron que hablase de la experiencia de escribir, pero el traductor entendió mal el título y puso esa frase. Cuando lo vi, pensé que era exactamente lo que yo pensaba, que una cosa es ser escritor -aquí se englobarían todos esos que van a festivales, a los que les gusta ser escritores y que van de escritores, pero que trabajan muy poco en su casa- y otra diferente, escribir -algo que no tiene nada que ver con ser escritor-. Escribir es algo que no tiene final, dificilísimo. Hasta que uno no comprende que es una cosa monumental, no sabe lo que es realmente.

-«Mac» reflexiona sobre la «repetición» y concluye que todos somos repetidores, que la literatura es repetirse constantemente. ¿Hay espacio para la originalidad?

-La palabra original está maleada, porque lo realmente original es aquello que está al principio de los tiempos. El mar por ejemplo: ha estado ahí siempre. Yo digo que está todo escrito, pero al mismo tiempo existe la posibilidad de decirlo de otra forma. Lo que hago en esta novela es modificar, más que repetir. Modifico una obra escrita hace más de 30 años y lo hago hasta el punto de convertirla en irreconocible.

-Mac comienza haciendo un diario y plantea así la literatura como un secreto, como actividad íntima. ¿Esta concepción de la literatura es opuesta a la necesidad de la mayoría de autores de publicar para así ser leídos?

-Normalmente escribes con la intención de comunicarte con los demás. En este caso, la modestia de Mac lo lleva a hacer un diario para su entretenimiento. Pero poco a poco va lamentando que su mujer no quiera leer nada y descubre que necesita que lo lean. Lo que no quiere es que su diario se convierta en novela, pero no lo consigue y esta se va imponiendo sobre el diario.

-Y es cuando desea que la novela sea además póstuma e inacabada.

-Sí, Mac sigue esa moda reciente de publicar libros póstumos e inacabados. Cada vez es mayor esta industria del libro póstumo.

-Ese libro que Mac quiere falsificar se titula «Walter y su contratiempo» y se compone de 10 cuentos en los que un ventrílocuo ansía poseer una única voz. ¿Es verdad que todos los autores anhelan tener una voz propia?

-En la literatura se instaló el tópico de que si no tienes voz propia no puedes ser buen escritor. Pero hay escritores que no tienen voz propia y son muy buenos. Es cierto que yo prefiero ser un autor con voz propia, y de hecho creo que hace años que la tengo. Me pareció interesante el tema del ventrílocuo porque odia lo que tantos escritores desearían tener.

-«Un ventrílocuo está obligado a saber que si algo caracteriza a una voz, a cualquier voz -incluida la original-, es la constatación de que esta no dura, se produce, brilla y desaparece, consumida por su propia fulguración». ¿También las que integran el canon literario?

-Las voces son irrecuperables. Lo que tú ahora has dicho queda grabado en el magnetofón, pero ahí se oirá diferente. Por lo tanto, se ha perdido. El canon sí está formado por voces originales, pero lo bonito de las voces es también que sean fulgurantes. Hay algo muy extraño en todas las voces y además son siempre de una sola persona, inconfundibles.

-Los cuentos que componen el libro de Ander Sánchez que Mac trata de reescribir están concebidos a la manera de diferentes autores: Borges, Malamud, Cheever… ¿Es su personal homenaje a esos escritores que le han influido?

-El libro es un tratado sobre el cuento, por lo que elijo cuentistas que me interesan. Algunos no son los mejores para mí, pero los elijo porque pienso que van bien para la historia que quiero contar. Jean Rhys, por ejemplo, no es para nada una de mis preferidas.

«Mallorquí, autor de “El Coyote”, merecía otro tratamiento»

Vida y literatura tienden a confluir en la obra de Vila-Matas. Y en este libro de forma especial. «Mucho», recalca para admitir que la literatura le ha ayudado para ver las cosas que suceden a su alrededor. «Me ha ayudado, como lector, a verlas desde diversas perspectivas. No significa que yo vaya por el mundo viviéndolo todo literariamente, pero cuando vuelvo a casa y explico lo que ha ocurrido lo hago de una manera casi literaria, aunque sin faltar nunca a lo que ha ocurrido».

-Esta novela está ambientada en una zona que usted bautiza como el barrio del Coyote, en Barcelona, donde vivió José Mallorquí, autor de la serie «El Coyote». ¿Por qué este barrio?

-Es donde yo vivo: prácticamente al lado de donde escribió Mallorquí toda su obra. Luego se fue a Madrid porque aquí no le hacían caso. Yo he leído muchas cosas de él fuera de la serie de El Coyote y creo que merecía otro tratamiento. Entonces sí, es un homenaje al barrio en el que estoy ahora, aunque en la novela aparece transformado porque los personajes son todos ficcionales.

-Es un barrio indefinido: comprende la zona situada debajo de la Diagonal, la plaza de Francesc Macià y la avenida de Tarradellas.

-Sí, no tiene un gran carácter ni es fácil de delimitar. En esto ha tenido que ver un poco lo que aprendí leyendo a Juan Marsé. El Guinardó -donde yo también viví muchos años- estaba lleno de personas que me decían que salían en las novelas de Marsé, pero luego él me desmintió esto y me dijo que sus personajes eran todos ficcionales. Marsé me explicó que el suyo era un barrio mental, y esto es lo que yo digo cuando me preguntan por el barrio del Coyote. Tiene una geografía propia -nombres de calles reales-, pero es un barrio mental, es el barrio del escritor, el lugar desde el que escribe.

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