Ferrer-Dalmau muestra en la embajada de Rusia su mirada personal sobre la guerra

«Quería pintar el sufrimiento de las mujeres, los hijos, las familias», explicó el artista barcelonés sobre «La despedida»

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Madrid

«Cuando uno pinta ideas puede equivocarse. Cuando pinta seres humanos no se equivoca nunca». Lo dijo en la embajada de Rusia en España el escritor Arturo Pérez-Reverte. Y hablaba de la obra de Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona, 1964). Y, en particular, de un cuadro presentado -en un singular acto celebrado ayer- en la sede diplomática y por su titular, Yuri Korchagin. La guerra no como acto heroico sino como drama humano, no como hecho histórico sino como acontecimiento que destruye familias. En líneas generales, los tres intervinientes dejaron constancia de esta idea para hablar de La despedida, obra de Ferrer-Dalmau en la que en una sola imagen describe el efecto devastador de los conflictos bélicos en cuanto a destrucción de la vida cotidiana.

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Sonó así como introducción a la intervención del embajador una vieja canción cosaca, para hablar de «un día muy especial», dijo Korchagin, quien destacó tanto la importancia temática de la obra como la presencia de Reverte. Pero, también, para el alto representante ruso en España -cuyo país celebra el año dual de turismo con España, ente otros acontecimientos destacados ayer-, «este cuadro es importante por el gran simbolismo inspirado en sucesos de la época de la gran revolución rusa, cuyo 100.º aniversario conmemoramos, y que supuso tan importante cambio para toda Rusia e indudablemente para todo el mundo», afirmó. Korchagin también remarcó que estos acontecimientos condujeron a una guerra civil. «El cuadro representa la Guardia Blanca, que luchó contra la Guardia Roja», relató. Pero quiso, asimismo, destacar que, desde la óptica actual, se recuerda que «Rusia perdonó a todos los que lucharon y creyeron en su causa. La Gran Rusia los perdonó porque todos eran hijos de la Madre Rusia», proclamó.

El propio embajador matizó detalles del cuadro que le parecieron de interés como es la presencia de un tren blindado, típico de la época en los traslados por el imperio ruso. De hecho, el propio autor del cuadro, el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, explicó que, «lejos de retratar la guerra como idea, quería pintar el sufrimiento de las mujeres, los hijos, las familias», enumeró al hilo de lo que supone la guerra tanto de desgarro familiar como de separación violenta de la sociedad y sus capas. De ahí, reiteró, al igual que el titular de la embajada rusa, esa idea de desplazamiento que aporta la presencia del tren.

Por su parte, el escritor y también académico Arturo Pérez-Reverte sí habló de la guerra como un acontecimiento ante el que se debe huir de la dicotomía simplificadora de buenos y malos, si lo que se trata es del ser humano. «En todas las guerras hay personas decentes y otros que son unos oportunistas. Unos para los que su único interés es su negocio y lo construyen a costa de la sangre de los demás, y los inocentes», diferenció. De ahí, anotó Reverte, la dificultad de distinguir las cosas buenas de las malas, porque cuando uno se acerca al ser humano se encuentra a personas que luchan por causas cercanas, alejadas de los grandes capítulos de la historia.

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