Desmontando al «machista» Sabina (y echando humo en las redes)

La musicóloga y consultora de género gijonesa Laura Viñuela desencadena una polémica al poner letras del cantautor como ejemplo de machismo y «mensajes rancios apenas por encima del reggaetón»

Laura Viñuela, en su despacho, junto a logo de Espora, su empresa
Laura Viñuela, en su despacho, junto a logo de Espora, su empresa

Gijón

«No es nada personal; solo son negocios. Si hablo de las letras de Joaquín Sabina es como musicóloga y consultora de género; igual él es una bellísima persona y nos caeríamos bien». Laura Viñuela maneja con tanta tranquilidad como sentido del humor el revuelo que ha causado su diagnóstico sobre la presencia de considerables dosis de machismo -ella prefiere hablar de «patriarcado»- en las letras del cantautor jiennense. Se le ocurrió poner la letra de Contigo  como ejemplo de esa infiltración de gérmenes patriarcales en cualquier cancionero popular (y escoger Sabina «por la enorme devoción que se le tiene en Asturias, casi como a la Virgen de Covadonga»), y se ha ganado en unas horas agresivos tweets como el de Edu Galán retuiteado nada menos que por Javier Pérez Reverte.

Pero, lo dicho, la musicóloga y especialista en feminismo gijonesa está tranquila y puede que incluso de algún modo agradecida de haber encontrado altavoces para un mensaje que tiene muy claro: «Hay, bajo el disfraz del arte, muchos mensajes rancios que parece que van investidos de empaque y santidad, pero que apenas están por encima del reggaetón». Precisamente, del reggaetón partió la idea de citar a Sabina. El popular género musical tachado abiertamente de machista por su concepción de la mujer y de las relaciones amorosas y sexuales es la base del trabajo que está desarrollando Viñuela con alumnos de institutos de Secundaria de Mieres en un curso sobre el desmontaje de los tópicos y estereotipos adolescentes -y no tanto- sobre el amor ideal.

«Les invité a poner banda sonora a su historia de amor ideal y enseguida salió el caso de Maluma y sus famosas cuatro mujeres. Eso parece que indigna a todo el mundo por su machismo, que lo tiene; aunque no nos demos cuenta que también nuestra opinión sobre el reggaetón está cargada de prejuicios racistas y machistas, esa idea de los latinoamericanos que vienen a llevarse a nuestras mujeres y nos contagian el machismo como la tuberculosis», explica la especialista.

En ese contexto, y en unas declaraciones a la prensa sobre el curso, echó mano de las letras de Sabina para responder a esos prejuicios y demostrar que lo mismo «se nos puede estar colando con sus letras, que no se dirigen precisamente a nenes que no filtran los mensajes, sino a gente que nos consideramos listos y con un poco de gusto». 

Ni censura ni prohibiciones

Naturalmente, los sabinistas -que son legión-, quienes ven en estas denuncias intentos de limitar la libertad de expresión o creación o los ardorosos críticos de lo que consideran como feminazismo empezaron a volcar sus críticas en las redes sociales casi al instante.  «Ya sabía que no iba a hacer amigos», ironiza Laura Viñuela, que precisa que su posición nada tiene que ver ni con la censura ni con ningún tipo de prohibicionismo. «En absoluto: cada uno puede escuchar lo que le dé la gana, faltaría más. Yo lo único que hago es decir que eso está ahí, y que puedes escucharlo desde esa perspectiva. En el caso de los alumnos, solo procuro darles recursos para saber qué están escuchando; el placer de escuchar la música va por otro lado».

¿Y qué es «eso que está ahí», en letras como las de Sabina, por ejemplo? «Muchas cargas culturales que llevamos en nuestro ADN y en nuestro imaginario». Tópicos -enumera Viñuela- como «el de la mala mujer, que es de 1º de Patriarcado: ese mundo de mujeres nocturnas en la barra y putas vocacionales que ve glamour en la mierda de la vida, y que en el fondo tiene mucho que ver con aquello de 'todas son malas, salvo mi hermana y mi madre', que en el fondo son las mujeres virginales de las que al final se enamora uno, y que es tan de la copla». Están también los temas de la «entrega total», la presentación de las mujeres «como rivales entre ellas», o su cosificación «como 100 libras de carne».

Laura Viñuela cita material fresco, como la ya muy popular Lo niego todo que anticipa el nuevo álbum de Sabina. «Solo habla de mujeres en su letra para decir que va a acabar como una puta vieja hablando con mis gatos -no sé si puta es adjetivo o sustantvo, pero me da lo mismo; o utilizando la metáfora de bailar con la más fea... ¿Necesitaba tirar de esas imágenes tan chusqueras quien se supone que es un gran poeta», se pregunta Viñuela.

La especialista encuentra además especialmente significativo que esas vetas que considera de toxicidad patriarcal se deslicen en el cancionero de quien pasa por ser hombre progresista y de izquierdas, apreciado también especialmente entre oyentes del mismo palo, con especial calado entre las mujeres.

«Bueno, claro, pero es que ser mujer no equivale a ser feminista. Y además, con la música, que se dirige a las emociones, la gente pierde los filtros. Igual que la gente no filtra sus sentimientos amorosos, no filtra este tipo de discursos. Y menos viniendo de un cantautor que no crea personajes, que pasa por ser el ejemplo mismo de la autenticidad, habla en primera persona y se supone que te está enseñando su alma en una relación directa contigo... Igual que si te lo estuviera cantando Rosendo, vamos».

Aprender feminismo

No tiene por qué ser evidente ni por qué ser fácil ver estas cosas, admite Viñuela. «Es que hay un desconocimiento del feminismo. Todo el mundo se piensa que sabe de feminismo porque no hay que saber nada del feminismo. Pero hay muchas cosas sobre el patriarcado que no sabemos y que obligan a desmontar muchas capas de cultura. Eso no tiene nada que ver con ninguna paranoia: todo esto forma parte de algo mucho más grande, que tiene que ver en el fondo con un mundo donde hay mujeres asesinadas, desigual reparto del tiempo y de los salarios...», reflexiona la especialista que considera que «es fácil decir que se es feminista, pero cuando se te empieza a exigir coherencia o actuar de cierto modo, vale más pensar que el mundo es de otro modo y que las feminazis estamos locas».

Por eso cree que -seas Sabina, Maluma, Melendi o casi cualquier otro- «no es fácil escapar a esos contenidos». Laura Viñuela lo tiene claro: «No puedes no ser machista a no ser que seas feminista. Tienes que hacerlo adrede, si no, te va a surgir lo otro. Está en el ADN». ¿Y hay en la música popular contemporánea quien lo consiga? Los hay. «Bruce Sprignsteen, por ejemplo, en canciones como Bobby Jean o No Surrender. O Mónica Naranjo, que es una grande, cuando en Sobreviviré le da a la vuelta a Mina para decir justamente lo contrario y convertir una letra de sumisión en una celebración y una bandera»

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