«Django», nazis y música degeneradita

Una inauguración nada desencadenada de la 67.ª Berlinale con el jazzista gitano y el Holocausto al fondo


Berlín / E. La Voz

Nos tenía la Berlinale demasiado acostumbrados a aperturas por todo lo alto, al menos en quilates de glamur, poniendo un George Clooney en su vida, abonado el actor a ser agasajado en las botaduras de este festival. Así, esta inauguración con el filme francés Django, una aplicada pero no precisamente briosa recreación de los días de persecución del jazzista gitano en la Francia ocupada por los nazis, te deja huérfano de proteínas. La cinta del debutante Etienne Comar muestra sus costuras demasiado calculadas de componer varios homenajes al tiempo: uno, al rey belga del gypsy jazz; otro, a la tan olvidada masacre de la etnia gitana por el nazismo. Mientras contemplo la fría corrección de este Django nada desencadenado me vienen a la mente con añoranza dos filmes norteamericanos. Uno es Bird, de Clint Eastwood, que desollaba el alma de un jazzman, cuando aquí la personalidad de Reinhardt no trasciende la epidermis del eficaz y elegante rostro del notable actor franco-argelino Reda Kateb. El otro es Acordes y desacuerdos, donde, con Sean Penn como médium, Allen rendía a un Django in absentia una elegía mucho más sentida que esta, en la que Cecile de France pone algo de swing y Alex Brendemühl reafirma su especialización en encarnar al nazi. Poquita cosa, hechos como estamos a Clooney y sus fanfarrias.

Mucho más interesante es la también francesa Barrage, de Laura Schroeder, psicodrama familiar en clave muy sobria y donde Isabelle Huppert comienza el año en un continuum de intensidad acorde con su glorioso 2016.

Esta 67.ª Berlinale promete emociones más fuertes a partir de hoy, cuando salten al ruedo los drogotas redivivos de la secuela de Trainspotting que vuelve a dirigir Danny Boyle. Cuando nombres del gotha del panorama internacional como el finlandés Aki Kaurismaki, el coreano Hong Sang-soo o el norteamericano James Gray manden en plaza. Cuando dos películas con sello muy freak, El bar, de Álex de la Iglesia, y la radical y dicen muy grimosa Pieles, donde el debutante Eduardo Casanova promete escandalizar con sus parada de monstruos y perversidades que incluye a Antonio Durán Morris, muestren lo que dan de sí. Y cuando, a falta de Clooney, la corona de heartbreakers se la disputen Gere (apuesta otoñal del thriller The Dinner) y el lobezno Hugh Jackman, de nuevo metido en faena mutante en Logan, para quienes prefieran el morbo X-Men a las canas crepusculares.

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