Alberto Vázquez: «La gente que se dedica a la animación es nómada, no puede vivir en España»

El coruñés hizo doblete en los Goya al llevarse los premios al mejor largo y corto de animación y ya prepara otra película


redacción / la voz

«La probabilidad de que los ganara estaba ahí, pero piensa que los Goya los da la industria del cine y lo que nosotros hacemos no está pensada para estos premios». Sin embargo, Alberto Vázquez (A Coruña, 1980) triunfó en la noche del cine español llevándose dos cabezones a mejor largometraje de animación por Psiconautas y al mejor corto de animación por Decorado. No son los primeros Goya que atesora este dibujante de cómics que en los últimos años se ha dedicado de lleno al séptimo arte en nuestro país, «a pesar de las grandes trabas que desde la esfera política se nos pone a los que nos dedicamos al mundo de la cultura». Pero no se rinde. De hecho, ya está buscando financiación para su próximo filme, «una mezcla entre Bambi y Apocalipse Now».

-Antes de nada, enhorabuena por los dos Goya que recibió el sábado. La primera pregunta es obligada: ¿Se los esperaba?

-¡Muchas gracias! La verdad es que nuestra animación no está pensada para este tipo de certámenes, nosotros hacemos películas de autor, dirigidas a un público adulto y tratamos historias complicadas, pero la probabilidad de que los ganara estaba ahí y al final me los llevé. Así que claro, yo agradecidísimo y encantado.

-Acaba de llevarse el cabezón por «Psiconautas», su primer largo. En el 2012 ya recibió un Goya con un corto que comparte universo fílmico con esta película.

-Así es. Hemos tardado mucho en gestar esta película, pero realmente mi meta siempre fue hacer un largometraje. Cuando creé el cómic Psiconautas primero optamos por hacer un corto, Birdboy, con el que ganamos un Goya porque no conseguimos la financiación para hacer un proyecto más grande, y tuvimos que esperar seis o siete años para poder hacer realidad Psiconautas. Al final, gracias a que la productora gallega ZircoZine apostó por nosotros, pudimos llevar a cabo el proyecto. Pero vamos, que fue complicadísimo: el equipo era muy reducido, apenas teníamos financiación y lo hicimos todo desde el polígono de Pocomaco (A Coruña). Pero bueno, que cuando veas la película te darás cuenta de que nada de esto se nota, parece que hay muchos millones detrás.

-Todavía hay que esperar hasta el 24 de febrero para poder ir a ver «Psiconautas» al cine. Adelánteme algo.

-Como decía, gracias a la libertad que nos dio la productora pudimos obtener un resultado que se aleja mucho del de una película de bajo presupuesto. Es una peli que puede ir a ver todo tipo de público a pesar de las historias difíciles que contamos. Hay enfermedad o gente que vive en la basura, pero como en tantas películas duras que alcanzan muchísimo éxito. Hay que aprender de países como Francia o Suiza y superar el estigma de que el cine de animación es solo para niños.

-Y no solo hace una película de animación para adultos, sino que se resiste a pasarse al 3D. Es usted un nostálgico.

-Yo soy dibujante, y eso no lo puedo remediar. Funciono con una libreta y un lápiz, no veo mi trabajo de otra manera. No entiendo el 3D entre otras cosas porque envejece mal. Ves una película en este formato de hace quince años y ya te parece que es vieja porque la tecnología se queda rápidamente atrasada. En cambio, el 2D tiene un encanto que es difícil que pase de moda.

-Con «Decorado» consiguió hacer doblete el sábado. ¿Por qué después de «Psiconautas» volvió al mundo del corto?

-La verdad es que después de Psiconautas yo estaba un poco agotado, pero mis productores consiguieron dinero para este proyecto y no pude desaprovechar la oportunidad. Tardó unos meses en moverse hasta que lo llevamos al festival de San Sebastián. A partir de ahí fuimos a Cannes, al festival de Annecy... Es que en Francia se mueve mucho más la cultura, nada que ver con el panorama que hay en España.

-Una vez más, muchos galardonados aprovecharon para reprochar a la clase política las escasas ayudas que se dan al cine español. ¿Está tan mal la situación?

-Pese al escaso apoyo que tiene la cultura en España, van saliendo cosas, lo cual tiene mucho mérito. Yo, si hablo de mi sector, la animación, es un ámbito que en España no es visible, obviamente porque no se le ayuda lo suficiente. En la animación la mayoría de profesionales son nómadas, la gente se tiene que ir del país porque aquí no pueden vivir de su trabajo. Hay un rechazo generalizado hacia la cultura, se ningunea a la gente del sector. Si recibes una subvención ya te dicen que te rascas la barriga y si destacas un poco te pegan una colleja. Las decisiones políticas que se están tomando no nos ayudan, cada vez hay menos dinero para danza, teatro o animación.

-Y tras el bum de la animación gallega de los primeros 2000, ¿qué está pasando en la comunidad?

-No se produce casi nada, y eso que el potencial que hay aquí es enorme. De todos modos, tendemos un poco a hinchar las cosas y parecía que la cosa en Galicia iba a ser más grande de lo que se podía abarcar. Coincidió con la época de vacas gordas, se invertía mucho dinero en todo tipo de producciones, y eso no se pudo mantener. Pero bueno, yo la verdad es que no puedo quejarme: trabajo en A Coruña, la periferia de España, y me recorro el mundo con una producción que ha nacido en Monte Alto, imagínate.

-¿Qué nuevos proyectos tiene entre manos?

-Tengo una nueva película en fase de financiación. Es una coproducción gallego-vasco-francesa. Es una historia bélica entre osos y unicornios, una mezcla entre Bambi y Apocalypse Now. Sí, una cosa un poco loca.

-Pero de volver al cómic no comenta nada.

-Estoy convencido de que volveré. Tengo doce libros publicados y espero que haya más. De hecho, sigo haciendo mis ilustraciones para medios y revistas, así que no lo tengo abandonado.

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