«Lo realmente difícil es el arte del pasado, no el contemporáneo»

La historiadora del arte Manuela Mena ofrece una charla en la Fundación Barrié sobre Antonio Saura


Redacción / la voz

Jefa del área de conservación de pintura del siglo XVIII y de Goya del museo del Prado desde 1996, Manuela B. Mena imparte esta tarde (20 horas) en la sede coruñesa de la Fundación Barrié la conferencia Antonio Saura y su exploración de la España oscura, en la que abordará sus vínculos con contemporáneos suyos, la generación anterior y hasta los maestros antiguos que le interesaron, incluido Goya. Lo más oscuro del genio zaragozano está en sus pinturas negras; y Saura, apunta, se obsesiona en particular con el Perro semihundido y lo toma como base de una serie de variaciones en un momento determinado de su vida. Mena califica el arte de Saura, y de sus colegas del grupo El Paso, de «realmente político»: es una pintura comprometida, crítica con la situación política y la sociedad que la rodea en el franquismo.

Esta historiadora del arte rechaza sin embargo el recurso (tan en boga en las exposiciones) de establecer diálogos entre artistas de distintas épocas para explicar a los creadores contemporáneos. «No funciona. Yo lo considero innecesario. Desvía -arguye- la atención tanto del artista del presente al que estás estudiando como del pintor del pasado, que tiene unas claves muy distintas. Basta con que pongas una fotito en el catálogo».

Mena cree que el arte contemporáneo no es tan complejo. «Y es que está por todas partes -aduce-, es el arte de nuestro tiempo. Lo realmente difícil es el arte del pasado, donde hemos perdido las claves religiosas, políticas, sociales, iconográficas... Ese sí que es un arte que necesita de una verdadera explicación para poderlo entender en todas sus consecuencias». Las exposiciones y sus comisarios van por donde van, admite, pero eso no tiene nada que ver con el artista. «Los artistas no utilizan a un maestro del pasado para, entre comillas, vender. Sino que se sienten atraídos por una determinada figura, una obra, que conecta con su propia sensibilidad y les sirve para expresar otra cosa distinta, terrible o bellísima».

El Prado, concede, ya se ha abierto al arte contemporáneo en sus exposiciones temporales. «Otra cosa es su colección permanente -objeta-: somos un museo nacional con una reglamentación que nos sobrepasa, un Estado, un ministerio, un patronato... Son los que marcan qué es lo que se guarda». «No puedo contestar a eso», replica Mena cuando se le pregunta sobre la idoneidad de instalar el Guernica en el Salón de Reinos, como pide el director de la pinacoteca, Miguel Zugaza. «El Guernica vino al Prado en su día por voluntad de Picasso. Estuvo aquí muchos años. Y el Estado decidió después que tenía que ir al Reina Sofía. Y allí está», zanja. «Doctores tiene la Iglesia», insiste al ser consultada sobre si se precisa de un concurso público para designar el relevo de Zugaza.

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