Óscar Esquivias: «Sufro mucho con un texto mal escrito; para mí, es como tener una úlcera»

El autor de la trilogía de «Inquietud en el Paraíso» hablará de su obra en A Coruña, hoy en la UNED y mañana en Berbiriana

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A Coruña / La Voz

Nació en 1972 en el que luego sería el combativo barrio burgalés de Gamonal. Vive en Madrid pero sostiene: «A Coruña es mi cuna literaria». Quizá por ello Óscar Esquivias vuelve -hoy y mañana- a esa ciudad. Esta tarde, a las 18.30 horas, participa en el ciclo La creación literaria y sus autores. Encuentros con escritores, en la sede de la UNED, junto con Javier Pintor y Xavier Seoane. Esquivias, autor de la trilogía de Inquietud en el Paraíso (Ediciones del Viento), acudirá mañana (19.30 horas) a la librería Berbiriana, donde conversará con su editor, Eduardo Riestra.

-¿De qué hablará en la UNED?

-Aunque se acaba de reeditar Inquietud en el Paraíso, no hablaremos solo de ese libro, será un recorrido por toda la obra.

-¿Cuántas ediciones van?

-Esta es la sexta. El libro estaba agotado y como se cumplían 80 años de la Guerra Civil y 11 de la publicación de la novela fue idea de Eduardo [Riestra] hacer algo especial, con tapa dura y fotos originales de la época, porque la novela está ambientada en 1936. Lleva un epílogo nuevo donde explico el proceso de escritura y publicación de la trilogía.

-Al principio era una novela y el editor la cambió, ¿no?

-Cuando yo entregué el texto a Ediciones del Viento era un único volumen donde estaban las dos primeras entregas. Ya que la novela se inspira en la Divina comedia, de Dante, que atraviesa los tres territorios del más allá, Riestra me animó a que completara la mía, que acababa en el purgatorio, y me empujó al infierno porque, al contrario de Dante, había empezado por el paraíso.

-Son temas muy profundos, ¿no?

-La literatura puede tratar de cualquier cuestión vital que nos afecte, pero tiene que hacerlo de forma emocionada y que el resultado sea importante, y no me refiero a aquellos que tópicamente podamos considerar solemnes. Lo más liviano, lo más divertido, lo más infantil puede ser objeto de la literatura. A veces pienso en los cuentos, en los poemas, como si fueran objetos artísticos, como si fueran cuadros que uno se detiene y contempla. Mi objetivo como escritor es encontrar la poesía en todas las manifestaciones de la vida.

-Dicen que es un autor de culto entre los escritores.

-No lo sé. Me parece muy halagador y me gustaría que así fuera.

-¿Vuelve mucho a Gamonal?

-Allí están mi familia y mis amigos. Los paisajes de Burgos, los de Gamonal, los del pueblo de mis abuelos son escenarios recurrentes de mis obras, tanto de mis novelas como de mis cuentos porque las primeras experiencias importantes de la vida las pasé allí e, inevitablemente, es un territorio sentimental, vital y literario al que no puedo renunciar.

-Destacan los críticos de su obra la riqueza de registros verbales...

-Me interesa mucho como escritor que las cosas estén bien contadas y no me refiero a que tengan un estilo florido o barroco sino a que estén narradas de la forma más eficaz, más bella y más seductora posible. Parece una paradoja pero hay escritores que no tienen buen oído para su idioma. Muchas veces leemos novelas donde se nota que el estilo es falso, suena a hueco. El buen oído literario se forma, aparte de las condiciones naturales, leyendo mucho. Hay autores como Garcilaso de la Vega que han tenido un oído infalible. Creo que soy de esa estirpe de escritores que tienen ese ideal clásico renacentista de escribir como se habla y de que la lengua literaria tenga la fluidez y la precisión de quienes saben hablar bien.

-¿Cómo lleva la actual pérdida de vocabulario?

-Sufro mucho cuando un texto está mal escrito; para mí, es como tener una úlcera. La literatura, entre otras cosas, tiene que ser un placer. Me cuesta mucho disfrutar de un texto que esté mal escrito.

-¿Influye el carácter castellano en su literatura?

-Supongo que sí. Mi familia es muy humilde, de trabajadores, ha sido siempre muy sobria, de pocas palabras pero muy expresivas. Hablaban con la rotundidad de los textos del barroco español. Mi abuelo hablaba como un personaje de Calderón de la Barca.

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