Francisco Calvo Serraller: «La gente a la que solo le gusta el arte del pasado no le gusta el arte en absoluto»

El profesor madrileño rechaza establecer límites en la creación artística, «un territorio de libertad»


Redacción / La Voz

El catedrático de Historia del Arte Francisco Calvo Serraller (Madrid, 1948) inaugura mañana, a las 20 horas, un nuevo ciclo de conferencias en la sede coruñesa de la Fundación Barrié: Del presente al pasado. Vanguardia y tradición en el arte español contemporáneo, organizada en colaboración con la Real Asociación Amigos del Museo Reina Sofía. Su ponencia versará sobre El arte español entre el fuego y el cristal.

-El fuego y el cristal...

-Utilizo esta metáfora porque tradicionalmente el arte español se reconocía como realista y expresionista. Era la definición romántica. Lo que trato de mostrar es que hay una tradición distinta que convive con ese expresionismo, desde el siglo XVI al XXI. La metáfora del fuego es para hablar de esa dimensión realista expresionista y la del cristal, de otra de carácter analítico geométrico que hace menos hincapié en lo emocional y más en lo mental.

-Como Goya y Velázquez...

-En lo clásico y en lo contemporáneo. Hago un recorrido utilizando parejas que van simultaneándose cronológicamente. Al lado del Greco está Juan de Herrera, el arquitecto del Escorial, que escribió un discurso sobre la figura cúbica. Al lado de Ribera está Zurbarán, o Sánchez Cotán, mucho más geométricos. Y en el siglo XVIII están Luis Meléndez, un bodegonista más geométrico, y Goya, expresionista. Una comparativa para que se vea que el arte español no solo se resume en lo expresionista, lo negro, lo realista.

-¿En lo contemporáneo funciona?

-Tenemos por ejemplo a Picasso y a Juan Gris, un personaje mucho mental. Y se va repitiendo en la época de la vanguardia histórica y en la segunda mitad del siglo XX. Está Saura, pero también Sempere. Vamos hallando parejas en que vemos que la realidad del arte español es más rica y compleja que lo que se presenta habitualmente estereotipado.

-El arte contemporáneo español, ¿cómo lo ve?, ¿padece anemia?

-Hay artistas que han logrado proyección internacional. De los que sobreviven, el caso más potente es Barceló. Ha habido otras figuras como Juan Muñoz, que murió joven, Cristina Iglesias... El problema es que el mercado español del arte es raquítico. Es difícil que en un contexto tan provincial, escaso de interés socioeconómico por el arte, los artistas puedan prosperar aun cuando su obra tenga valor. Por lo demás, tampoco los artistas salen a voluntad.

-Tampoco había un mercado en el franquismo. Y Gris, Picasso, Dalí crecieron fuera de algún modo.

-Sí. Si Picasso se hubiese quedado en España no habría sido Picasso; eso está clarísimo. Ni Gris, ni Dalí, ni Miró. Tampoco Barceló o Tàpies. Son gente que ha vivido fuera del mercado español, ha tenido éxito fuera. Eso es así. Sería mejor que en nuestro país hubiera más interés por el arte… pero tampoco garantizaría que los artistas resultaran más geniales

-No es asunto de sistematizar.

-Probablemente si hubiera más interés local, los artistas no vivirían tan mal como viven los artistas españoles que viven de España, que viven en condiciones muy precarias o tienen que combinar su arte con otra actividad.

-La impostura, el fingimiento se asocian al arte contemporáneo.

-¿Si es el arte contemporáneo una tomadura de pelo? Yo creo que no. Lo que ocurre es que en nuestra época se amplió de una forma extraordinaria el horizonte artístico. Hasta el siglo XVIII había lo que se llamaba el canon, la belleza, y eso era el fundamento del arte. En el XVIII se produjo una guerra de liberación contra la belleza, no para destruir la belleza sino para destruir eso de que el arte solamente fuera bello.

-Y la belleza perdió...

-Uno no puede decir que las Pinturas negras son bonitas, ni se puede decir que Los desastres de la guerra son bonitos… Lo que se conquistó fue un territorio que hasta entonces no estaba autorizado para el arte. Era imprescindible indagar lo que estaba más allá de la belleza. Pero cuando te pones a explorar un cosmos desconocido, no sabes qué va a ser de ti. No sabes bien lo que es el arte, y eso produce desconcierto y perplejidad en la gente. Cuando estás explorando una tierra desconocida, no sabes cómo se llama ni a dónde te va a llevar.

-¿Pero se puede juzgar?

-El arte, desde el siglo XVIII, está en esa vía de exploración. Eso no quiere decir que no se pueda valorar, porque el que sea un arte de exploración no significa que sea un arte arbitrario. No es tan fácil juzgarlo como cuando había una especie de termómetro, la belleza. Hoy hay muchos más elementos que intervienen. Yo creo que en este momento hay un arte extraordinario, un arte que está bien, un arte que no está mal y un arte que está muy mal [ríe]. Y eso pasaba igual en el siglo XVII.

-¿Es entonces el espectador quien debe tener la mente abierta?

-Ha ocurrido siempre. La gente que en el XVII no miraba para nada arte le parecía que cualquier estampita primaria y ridícula era mejor que un Velázquez. La gente que no está acostumbrada a ver arte es difícil que lo pueda juzgar. La gente que no está acostumbrada a beber vino pues no sabe cuál es un buen vino. La experiencia tiene mucha importancia para cualificar el juicio estético.

-De nuevo la cultura general, experiencia, formación, información...

-Como la persona que lee sabe qué novela es buena o no, la que está acostumbrada a ver arte, da igual qué arte sea, se puede enfrentar a cualquier nueva creación y decir que le gusta o no le gusta. Una persona que no ha leído es difícil que pueda apreciar la calidad literaria de una obra.

-Habla de literatura... Si después de Joyce la narratividad que mira lo decimonónico está en cuestión, en el arte, ¿la figuración y el realismo tienen sentido?

-Lo maravilloso del arte, y que no tiene nada que ver con la técnica, es que cambia pero no progresa. A uno le puede interesar mucho el arte actual, pero eso no significa que le parezca desagradable el Partenón o que quiera destruir Las Meninas. Es decir, cada cambio que se produce en el arte incorpora algo nuevo para admirar pero no vuelve obsoleto lo anterior. Al revés, quien está interesado en el arte de hoy mira mejor el del pasado. A la gente que solo le gusta el arte del pasado o solo le gusta el arte contemporáneo no le gusta el arte en absoluto. Se lo digo a mis alumnos. Por que si te gusta realmente el arte es difícil que hagas esa distinción. Es que es ridícula. Una persona a la que le gustan Picasso o Koons no tiene problema en que le gusten también Rembrandt o la pintura rupestre del Paleolítico.

-Mi pregunta, en todo caso, iba más por el lado de la creación.

-Solo depende de lo que aporte el artista. Lo figurativo y lo abstracto no se anulan entre sí. Y el realismo es una vanguardia contemporánea, en el arte tradicional no existía. Cualquier limitación que se pretenda poner al arte es absurda. En principio tú puedes hacer lo que quieras, porque el único fundamento del arte es la libertad. El arte es un territorio de libertad. No hay mandamiento alguno. Hay modas, pero igual que vienen desaparecen.

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