El hijo de Tsvietáieva

«Diario de Gueorgui Efrón» recoge el testimonio del vástago de una de las escritoras rusas más importantes del siglo XX


barcelona / e. la voz

«¿Acaso esta habitación en la que vivo con mi madre, esta habitación en la que hay innumerables baúles amontonados, una habitación donde duermo, leo, dibujo, como, escucho la radio, esta habitación representa para mí la vida? No y mil veces no». Diario de Gueorgui Efrón, publicado por la editorial valenciana Uno y Cero Ediciones, recoge el testimonio durante el año en que Alemania invade la URSS (1941) del hijo de Marina Tsvietáieva, una de las figuras más relevantes de la literatura rusa del siglo XX. La traductora del diario del joven de 16 años, Reyes García Burdeus, ha ganado recientemente el prestigioso premio Marina Tsvietáieva 2016 en reconocimiento a su labor de más de 25 años de traducción al español de la obra de la escritora.

En esta ocasión, además, el mérito de García Burdeus ha sido el de presentar en nuestro país un valioso documento histórico, desconocido para el lector español pero comparable al Diario de Anna Frank. «Tanto ella como Gueorgui Efrón fueron jóvenes extraordinariamente maduros para su edad. Las dos historias tienen como fondo la Segunda Guerra Mundial y les une la profunda soledad que experimentaron y la incomprensión por parte de sus respectivas madres», explica la traductora.

El Diario de Gueorgui Efrón refleja el último año de vida («detalles íntimos, estado anímico, preocupaciones, amistades, trabajo») de Tsvietáieva, quien se suicidaría en Yelábuga (Tartaristán) el 31 de agosto en 1941 como consecuencia del terror (pobreza, aislamiento, fusilamiento de muchos de los suyos) al que la sometió el régimen estalinista. El adolescente se quedaba así solo frente a la vida, pues dos años antes su padre y hermana habían sido arrestados. Tras ser llamado a filas, Efrón moriría en 1944 junto a centenares de soldados del Ejército Rojo. Tenía solo 19 años y había pasado sus tres últimos en absoluta soledad.

Este libro relata, además, el inminente ataque de las tropas nazis a Moscú, el trastorno que vivieron sus habitantes y la posterior evacuación de la población, sufrida por el propio Gueorgui y por su madre. «El adolescente hace un seguimiento minucioso de los acontecimientos bélicos y hace gala de una gran clarividencia al predecir la entrada en la guerra de los aliados y el fin de Hitler», cuenta García Burdeus.

Gueorgui, quien da a conocer la vida cultural y social del Moscú prebélico, escribe también sobre temas propios de su edad («su gran obsesión era la pérdida de la virginidad»), pero ante todo refleja la gran soledad que siempre sufrió, entre otras cosas por no encontrar amigos con inquietudes afines. «Tras morir la madre, la vida de Gueorgui fue un verdadero infierno. No tenía recursos económicos, pasaba hambre... Fue evacuado a Tashkent en 1943, pero pudo regresar a Moscú y, con la ayuda del escritor Alekséi Nikoláievich Tolstói, ingresó en el Instituto Literario». De nada sirvió. Lo mataron un año después y su cuerpo fue enterrado en una fosa común.

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