Marco Layera: «El teatro, además de entretener, tiene que ser capaz de incomodar o provocar»

El director chileno trabaja en el nuevo espectáculo de la compañía Voadora, «Sueño de una noche de verano»


Santiago / la voz

El director y dramaturgo Marco Layera (Santiago de Chile, 1977), al que denominan el enfant terrible del teatro latinoamericano, ha trabajado las últimas semanas con la compañía gallega Voadora para adaptar Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, que se estrenará el 11 de febrero. Para Layera, cuya compañía La Re-sentida estuvo durante los últimos meses actuando en diferentes puntos de Europa, es la primera colaboración con otra entidad y también la que se enfrenta a un clásico. Tras tres semanas en Santiago, asegura que trasladaría a su equipo el mayor orden en la producción que hay en Voadora.

-¿Cómo afronta la adaptación de «Sueño de una noche de verano» para Voadora?

-Es una especie de adaptación, de reescritura en pos de la escena. Marta [Pazos] -la directora de la obra- no tiene que ceñirse a a esa escritura que hagamos; el texto puede ser deshecho, reescrito, modificado y tachado. Siento que el texto tiene que estar en pos y al servicio de la dirección. Entonces, no sabemos cómo va a ser al final.

-Es un clásico, ¿hay que mantenerse fiel a él o debe ser reinterpretado?

-Tengo una relación con los clásicos a nivel de la literatura, pero a llevarlo a escena es otra cosa. Siempre digo que hacer un clásico hoy en día es darle la espalda al mundo, por más que siempre se apela a la universalidad del mismo. Desde el 1600 hasta ahora han pasado muchas cosas, ha cambiado mucho. Por eso, para mí es un desafío interesante enfrentarme a un clásico, desde el punto de vista que yo rechazo los clásicos. Para mí es más difícil, y me genera más admiración artística, no hacer un clásico, sino hablar de lo que pasa hoy en día. Estamos en una época bastante efervescente para estar hablando de reyes. Este es el desafío que me plantea esta obra con Voadora: cómo actualizar este texto y darle un peso.

-Le denominan el «enfant terrible» del teatro latinoamericano. ¿Está de acuerdo?

-No, no.

-No es tan «enfant terrible».

-Esto de poner nombre y apellidos a las cosas no aporta mucho. Lo importante es ponerte más en escena y discutir sobre el momento efervescente en el que estamos.

-Ve el teatro como un lugar para la reflexión. ¿No entiende las obras como puro entretenimiento?

-Yo no puedo imponer una forma de hacer teatro. Creo que puede hacer reflexionar y entretener a la vez; no creo que sean términos dicotómicos la risa y la reflexión, todo lo contrario, creo que nadie va a una obra de teatro para que le den un sermón moral. Ahora, frente a esto, uno se plantea que el teatro, además de entretener, tiene que ser capaz de incomodar o provocar. Para mí es fundamental esto y no caer siempre en lo políticamente correcto, en ese sentido, el teatro puede llegar a ser una arma bien corrosiva, pero no excluyo el entretenimiento.

-En la última obra de teatro de su compañía, La Re-sentida, critican a los que denominan actores burgueses.

-La obra que estrenamos este año trata de una reflexión sobre cómo el capitalismo se ha humanizado. Es una crítica a la cultura dominante. Hoy no basta con hacer una obra de teatro, falta un activismo más concreto, una acción más real.

-¿Qué pretendían con la pieza que tenía como referente a Allende, que generó controversia?

-Lo que queríamos era desvelar una clase política de izquierdas que en el fondo se había transformado en una clase política que lo que hacía era administrar lo que había dejado la dictadura de Pinochet. En el fondo, transfiguraba la figura de Allende dependiendo de su conveniencia.

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