Zafón rechaza llevar al cine «La sombra del viento» porque «sería una traición»

El escritor presenta la última novela de la saga, que tiene más de 25 millones de lectores


barcelona / enviado especial

«No habrá película de La sombra del viento porque no hace ninguna falta. No es obligatorio. No voy a perder la energía y el tiempo en adaptar su texto a otro medio. Nada cuenta una historia con la intensidad de una novela si está bien hecha». Así de tajante despejó ayer toda duda Carlos Ruiz Zafón sobre los ofrecimientos del séptimo arte, consciente de las expectativas que esta posibilidad genera tanto en la industria como entre sus fans. Ni transformar el libro en otro producto ni hacer merchandising es algo que entre en sus planes, insistió para admitir que hay maravillosas adaptaciones -citó El padrino de Coppola- y que «quizá sea en las series de televisión donde hoy se está haciendo la mejor narrativa». Pero llevarla al cine, dijo, «sería una traición a su naturaleza porque estos libros son un homenaje a la palabra escrita».

Zafón, que vive a caballo de Barcelona y Los Ángeles, resiste «razonablemente bien» la tentación de Hollywood, y esa tranquilidad, admitió, se la debe a un éxito que lo mejor que le ha reportado es «la libertad y la seguridad», no verse «condicionado por las presiones y por lo que otros quieren que haga». Sus más de 25 millones de lectores lo respaldan, los que lo convierten, según asegura su editora Planeta, en el autor español más leído en el mundo después de Cervantes. Este aval está detrás de los 700.000 ejemplares que comporta la tirada inicial de El laberinto de los espíritus, que ayer se lanzó a los mercados nacional y latinoamericano. Se trata del título que cierra su internacionalmente famosa tetralogía El cementerio de los libros olvidados, que presentó en una charla con el periodista Carles Francino en el templo barcelonés del Tibidabo. 

Un trabajo de 15 años

Dejó claro también que, tras 15 años de trabajo dedicados a esta saga, es por última vez que se encienden los focos sobre el popular cementerio, ya que este cuarto volumen «es la piedra de toque que hace que encajen todas las piezas en el relato», razón por la que su elaboración le resultó más complicada. «La literatura -advirtió- es una amante cruel, tú te enamoras de ella, pero ella no se enamora de ti». En cualquier caso, ha alcanzado la paz interior, con la felicidad que le provoca ver que lo que soñó un día se ha hecho realidad, y está ilusionado por comprobar la forma en que el lector acoge su obra. Ahora que se hace mayor, bromeó, disfruta más con su tarea y se siente más fascinado que nunca con la profesión. Porque ha entendido que el proceso de creación es sobre todo una pelea consigo mismo, un viaje hacia dentro: «Me siento más viejo, no sé si más sabio».

En tal sentido, mantiene que nunca buscó ofrecer respuestas ni defender una única verdad. La ficción es una historia pactada, anotó, «ya que no se nos va a contar aquello que no es la verdad, pero que de otro modo no podría contarse, porque la verdad es demasiado ambigua. Y más hoy que vivimos en la época de la postverdad, de la teatralización». Pero los escritores proponen y los lectores interpretan, teorizan. Zafón suele tener en su pluma más preguntas que respuestas: «No quiero sermonear, no soy cura ni político. Soy poco amigo de verdades universales. Solo quiero estimular al lector y ver qué se despierta en él». Asegura que los escucha y aprende de ellos, pero nunca discute sus conclusiones. Y si tuviera que quedarse con un mensaje -otra exigencia que no respetan sus libros- le diría al lector que lo esencial está en que cuestione la realidad, que no acepte aquello que le viene impuesto, que ponga en duda las percepciones, que enarbole el espíritu crítico y que «si tiene que cometer errores, que sean sus propios errores».

Un híbrido de géneros literarios que cierra con intriga

Aunque en Julián Carax, Fermín Romero de Torres y Alicia Gris hay mucho del propio Carlos Ruiz Zafón, y de su pensamiento, como él mismo confiesa, lo que pone en juego la tetralogía de El cementerio de los libros olvidados, dice su autor, es «la gran comedia de la vida». Su propósito fue siempre crear un híbrido de los géneros literarios tradicionales, combinando los registros de la tragedia, lo policial, el romance, la sátira, las aventuras, las costumbres... Y si en el primer libro pesaba más la novela de aprendizaje, apunta el escritor, en el segundo, lo gótico, y en el tercero, la aventura, en El laberinto de los espíritus la intriga se ha impuesto. El mecanismo interno, abundó, es el de una historia de misterio. Será por eso que apenas habla de su contenido ni adelanta pincelada alguna de la trama... Y es que la novela llegó en la mañana de ayer a las librerías.

Tampoco aceptó valorar, como residente en Estados Unidos y en Cataluña, la llegada de Trump al poder ni el llamado proceso independentista. «No suelo polemizar sobre temas políticos, ya hay muchas personas que se dedican profesionalmente a ello», ironizó. Se declaró hombre de pensamiento escéptico, seco, en cuanto a las ideologías, detrás de las que solo ve un sainete, pura escenificación. Es cierto que reconoció que le preocupa bastante más lo que sucede en América, porque es un acontecimiento de mucho alcance. «Trump puede traer tela -dijo-, pero hay que esperar». En Cataluña, agregó, únicamente se precisa diálogo.

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