El nobel que regresó y la armó

En la comedia dramática argentina «El Ciudadano» impera el sarcasmo más mordaz. Podría colarse entre los finalistas al Óscar de habla no inglesa


Lo reza el propio cartel de la película, eso tan tópico de que nadie es profeta en su tierra. Más todavía si eres un nobel de literatura al que nombran ciudadano ilustre en tu pueblo, al que regresas después de treinta años y te encuentras con que (casi) nadie ha leído nunca una página tuya? Coartada perfecta para que los ya encallecidos (en documental y ficción) directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn propongan en El ciudadano ilustre uno de los mejores filmes del año, que ya recogió para su protagonista Óscar Martínez la Copa Volpi en Venecia y acaba de recibir en la Seminci la Espiga de Plata al mejor filme y al mejor guion. Incluso podría colarse entre los finalistas al Óscar de habla no inglesa, sin descartar otros galardones. Su tono de comedia costumbrista, en la que impera el sarcasmo más mordaz al tiempo que da un repaso al estamento cultural cuando cae en manos impropias (aquí, el pintor local) o simplemente a las que importa un pimiento todo lo que no sea pompa y boato en provecho propio (caso del alcalde).

Más allá de la coña de otorgar el Nobel en la ficción a un tal Daniel Montovani (una puya de los guionistas hacia la Academia Sueca que se lo negó a Borges), la película es también el retrato de un personaje cínico, pagado de sí mismo con algún disimulo, pero al mismo tiempo angustiado por su falta de chispa creativa, justamente después de tan ansiado (y sin duda discrecional) galardón. Asume regresar, en parte porque de allí salió casi con lo puesto y la nostalgia es inevitable, pero también con un punto de vanidad al hacerlo como un vencedor. Claro que ese pueblo y sus gentes, tal como aparecen retratados en el guion, da pie a no pocas pasadas de frenada y a situaciones que el común diría insostenibles (sin caer en el spoiler, el paseo final en camioneta) por improbables, pero ahí está también su gracia, aderezada con diálogos brillantes y situaciones desternillantes en torno a ese «vacío creativo, el lado de impostación del artista, la diferencia entre lo que uno parece y lo que uno no es», según los propios autores.

«El ciudadano ilustre»

Argentina-España, 2016.

Directores: Gastón Duprat, Mariano Cohn.

Intérpretes: Óscar Martínez, Dady Brieva, Andrea Frigerio, Belén Chavanne.

Comedia dramática. 118 minutos.

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