José María Merino: «Vivimos tiempos de apropiación indebida, de poco respeto a la autoría»

El narrador coruñés construye su nueva novela alrededor del enigma de Oliva Sabuco, visionaria filósofa del siglo XVI


Madrid

A José María Merino (A Coruña, 1941) hay que leerle por trayectoria incontestable, pero, y más en estos tiempos indecisos, hay que escucharle. Publica la novela Musa décima (Alfaguara), muestra de su punch literario, con un ritmo narrativo que atrapa desde la calidad en una historia y que vindica a Oliva Sabuco, autora de Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, un libro de finales del siglo XVI que Merino resume, en clave actual, como si fuera de medicina natural. El libro en cuestión se tradujo, Lope de Vega lo ensalzó, pero llegado el siglo XX su autoría fue atribuida al padre de Sabuco. Con tal pretexto sigue Merino un enigma que entrelaza con el presente. Una historia de este tiempo que definiría dentro de la mediocridad general, contra la que alerta con cierta estupefacción ante la falta de propuestas que reconduzcan una anestesia cultural orquestada por las élites en este siglo XXI.

-Tardó cinco años en acabar esta historia que abarca siglos.

-No por nada especial. Era una historia que tenía en mi casa. Hay historias que te rondan y a veces terminan en algo, y otras, no. Yo tengo un ejemplar del siglo XVII de Nueva filosofía de la naturaleza del hombre que heredé de mi padre. El libro más antiguo de mi casa. Posteriormente, descubro que el padre se atribuye la autoría y maldice a su hija. Y me pareció indignante. Ese libro es una cosa moderna. Es como si fuera de los de ahora de medicina natural. Dice que hay que aprender a respirar, que hay que hacer ejercicio, comer sano... Incluso, cosas que en esa época no se decían como que el hombre tiene que saber con quién se casa, pero también la mujer saber con qué hombre se casa. Me interesa todo de esta obra. Y más ese enigma de la autoría, que quería que me sirviera como núcleo dinámico.

-Y lo actualiza con una historia de personajes que son parte de la vida de todos...

-Como dice Berta, uno de los personajes: todos estamos en el libro, refiriéndose al suyo. Y sí, son personajes que se pueden identificar en la vida de cualquiera.

-Puede que esa sea la conexión atemporal. ¿Que desde siglos, en cuanto a virtudes y defectos, nos pasa a todos lo mismo?

-Sí. Porque las decisiones, las deslealtades, las pasiones son las mismas. Incluso aquí en este libro también se habla de la apropiación indebida... Que ahora es bastante común, tanto en el ámbito ciudadano como en el público o cultural. Vivimos tiempos de muy poco respeto a la autoría.

-Hay un tema que subyace muy evidente, que es el del ninguneo a la mujer en aquella época. Como si no les estuviera facultada la posibilidad de crear, pensar...

-Sí, pero había mujeres que publicaban, que pintaban. Uno de los mejores retratos de Felipe II lo hizo Sofonisba Anguissola. Y eso al final está reconocido.

-¿Y cree que hemos avanzado en ese ámbito del reconocimiento?

-Hay un sentimiento, no solo femenino sino masculino, que permite decir que hemos avanzado. Por eso yo en Musa décima trato ese olvido de la mujer, que por una mención en un testamento se le borra como autora. Eso es intolerable.

-Cada personaje tiene lo suyo y usted no los juzga. ¿Cómo se lleva con ellos?

-Todo se juega dentro de una historia azarosa. A los personajes actuales no los juzgo. Y no lo hago nunca, porque la primera norma de un autor es respetar a sus personajes. Siguen una lógica sentimental y moral.

-Aborda la crisis. ¿Le sirvió de mucho el contexto como caldo de cultivo de «Musa décima»?

-Algo importante en el libro es el ambiente. La crisis es la pesadilla.

-¿Hemos bajado el listón moral o sentimental en estos tiempos?

-Todo lo que ha pasado ha servido para desanimarnos. Hemos bajado el nivel de formación. Y eso repercute tanto en la actuación pública como en la privada. Eso hace que surjan deslealtades y un sálvese-quien-pueda que se convierte en norma.

-¿Repercutirá en la literatura? ¿Cree que la pérdida de calidad no es solo culpa del consumidor de libros? ¿No deben todos hacer autocrítica acerca de lo que se ofrece e impone ahora al lector?

-Es que hay un error de concepto de lo que debería ser la literatura popular. No se puede confundir a Stephen King con Dan Brown. Brown no se hubiera publicado cuando yo era joven y había autores de quioscos. Ahora vas a una librería y ves cientos de tiempos-de-costuras, que si el Santo Grial, que si la Sábana Santa... Igual hemos contribuido todos, incluidos los medios de comunicación.

-¿Hay muchas Olivas Sabuco hoy?

-Yo creo que hay Olivas y Olivos Sabuco. Publicar es difícil. Pero la gente no para de escribir.

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