Estravagario del hombre infinito

La película es tan extravagante y compleja -no para todos los gustos- como lo era El club, la anterior y demoledora obra del director Larraín


Hasta siete actores interpretaron en el cine y la televisión a Pablo Neruda, pero la recreación del poeta que elabora aquí Luis Gnecco -situada entre Landrú y Louis de Funès- se aparta radicalmente de cualquier otra y deviene en lo contrario de la algo huraña pero amable encarnación de Philippe Noiret en El cartero. El muy libre Neruda de Gnecco está desprovisto de toda idealización: hombre infinito y extraviado, cargado de contradicciones y vicios, un ogro colérico que abraza a una indigente al no tener dinero para darle. A veces juguetón, a veces solemne, en ocasiones hiperreal, pero consciente caricatura de sí mismo: «Pon la voz de poeta», le pide Delia del Carril.

La película es tan extravagante y compleja -no para todos los gustos- como lo era El club, la anterior y demoledora obra del director Larraín, poblada con aquellos curas pederastas confinados por su Iglesia en un remoto fin del mundo chileno, al cuidado de la inolvidable monja Antonia Zegers, que reaparece aquí en otro papel perturbador.

Neruda huyó de la policía fascista en 1948, después de que el presidente González Videla declarara ilegal al partido comunista, desaforando al senador y poniendo tras sus pasos a un tenaz comisario interpretado por Gael García Bernal, conmovedor en su economía gestual. La relación entre perseguidor y perseguido explora la idea del doble, la obsesión fascinada de un hombre por su contrafigura, desanudando los lazos que unen al creador y a su creación, en una red que incluye mil referencias del mundo del poeta y un esplendoroso final en la nieve de la Araucanía.

El cruce del feísmo de pesadilla con el lirismo de algunas secuencias resulta muy eficaz. Las ópticas angulares distorsionan los rostros y los tonos ocres baconianos favorecen atmósferas surrealistas. Es probable que a Neruda le sobren algunos momentos de abstracción caprichosa, pero resulta un filme notable y, a veces, sanamente burlón. En un guiño inefable, comienza en los mingitorios del Senado, con el asambleísta Pablo manteniendo un enfrentamiento dialéctico mientras orina. Muy apropiado para estos tiempos.

«Neruda»

Chile-Argentina- Francia-España, 2016.

Director: Pablo Larraín.

Intérpretes: Luis Gnecco, Gael García Bernal, Mercedes Morán, Alfredo Castro, Pablo Derqui, Marcelo Alonso, Alejandro Goic, Antonia Zegers.

Drama. 108 min.

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