«Una de las ideas más nocivas, sobre todo para las mujeres, es la del amor romántico»

El escritor vigués publica en traducción al castellano su novela «Tes ata as 10», una historia de intriga


Madrid / E. La Voz

¿Qué sería de la realidad si no fuera porque hay más? Esa pregunta podría incorporarse a Tienes hasta las 10 (Suma de Letras), el último libro del vigués Francisco Castro, que frente a la verdad casi impuesta contrapone una subcapa de vida en la que afloran las certezas. Frente a la historia oficial, la investigada. Frente a la vida visible, o la convencional, la deseada. Tienes hasta las 10 es una novela de intriga, de periodismo, de la España franquista, de amor, de emociones, en la que un protagonista, Antonio, tiene que descubrir que nada es lo que parece. Algo que en pocos lugares se manifiesta como más irrefutable que en la familia. El filósofo Castro apuesta en este libro por el ritmo para que sea una de esas lecturas que atrapan hasta la última página como una auténtica reivindicación de los sentimientos. Y un poco al margen, pero dentro, parece, también, que el autor quiere decir que todo presente se merece un pasado de verdad.

-Desde el principio, hay en «Tienes hasta las 10» la idea de que cuando alguien muere casi siempre se descubre que había otra vida... ¿Es eso tan grave?

-No es nada grave. Pero sí, cuando alguien se muere, aparece otra vida. Aparecen fotos guardadas, que son otras historias. Hay secretos que salen a la luz. Como si se encuentra una fotografía en la que sale alguien no previsto y te preguntas: ¿pero y este quién es? Mi padre, por ejemplo, decía que había cosas terribles que le habían pasado en el servicio militar de los años 40. El padre del personaje de la novela aspira a morirse para contar.

-El que se va lo deja ahí y el que se queda, en este caso Antonio, tiene que reconstruir una montaña que le cambia la percepción de muchas cosas. ¿Cuál sería el resultado final?

-Descubre cosas que no van a cambiar la historia de Galicia o de España pero sí que van a suponer una revolución en su cabeza. Entre ellas, la relación con su padre. Yo siempre digo que el amor entre padres e hijos es una de las formas más absurdas porque es automático. Ya decía esa gran intelectual a la que no sigo que es Belén Esteban: «Yo por mi hija mato».

-Dentro de planteamiento inicial de la novela, pronto subyace que a veces la felicidad está en otro sitio y que las historias de amor tienen que ser imperfectas...

-Es que la felicidad la tiene que encontrar y descubrir cada uno por su cuenta. Todas las historias de amor probablemente son imperfectas. Una de las ideas más nocivas sobre todo para las mujeres es la del amor romántico. Por eso, el personaje femenino es potente, completo. En todo lo que escribo me gusta que sea así. El padre de Antonio, por contra, retrata a un hombre de su tiempo, es decir, de corbata y formas.

-¿Hemos mejorado algo con el tiempo?

-Gracias a las mujeres, sí. A los hombres nos educan en una cultura testosterónica. Las mujeres están más dispuestas a comprender. Nuestra tradición judeocristiana demoniza todo lo que tenga que ver con la felicidad. O con el cuerpo o el sexo. Somos emociones, y cuando sepamos gestionarlo más seremos mejores.

-En «Tienes hasta las 10» también reivindica un periodismo de raza, investigación... ¿Cree en él?

-En lo que no creo es en el periodismo de corta y pega. En la novela hay un homenaje a los periodistas que se jugaron la vida o morir civilmente por encontrar la verdad. Habla del final del franquismo.

-¿Es posible que ahora haya otras verdades?

-Yo soy extremadamente activo en las redes sociales. Encuentras voces que no tendrían sitio. Y creo que es bueno poder elegir a quien tiene algo que aportar. También hay que reconocer que a veces son el paraíso de la futilidad. Pero se puede elegir.

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