Felicidades Freddie Mercury

Excesivo y rompedor, el vocalista de Queen habría cumplido este lunes setenta años


A pesar de no ser muy alto, Freddie Mercury era un gigante en el escenario. Con una poderosísima voz que alcanzaba cuatro octavas, el líder de la banda británica Queen marcó profundamente el panorama rock de los años 70 y 80. Este lunes, 5 de septiembre, habría cumplido setenta años.

Casi 25 años después de su muerte, en noviembre de 1991, su música sigue presente incluso en las campañas electorales. Al candidato a la presidencia estadounidense Donald Trump le gusta salir al escenario entre niebla y con luz dramática mientras suena We Are The Champions, algo cuando menos paradójico, puesto que el cantante, bisexual, representa todo aquello que el magnate estadounidense rechaza. De hecho, el republicano utilizó la canción sin permiso del grupo, que dejó claro que no podrá volver a hacerlo.

Freddie Mercury era conocido por su talento musical, pero también por sus legendarios excesos, como los de la fiesta de lanzamiento del álbum Jazz, celebrada en Nueva Orleans en 1978, donde al parecer firmó traseros desnudos y se sumergió en un obsceno espectáculo de drag queens, encantadores de serpientes y legiones de stripers. También se cuenta que por la fiesta paseaban enanos en cuyas cabezas se balanceaban bandejas con cocaína supervisada por el propio Mercury. «Yo eso no lo vi, pero la mayoría de las historias que cuentan sobre esa noche no son especialmente exageradas» dijo el batería, Roger Taylor, al biógrafo de Queen, Mark Blake, en el 2008.

Mercury nació en 1946 con el nombre de Farrokh Bulsara en el antiguo territorio británico de Zanzíbar, hoy parte de Tanzania. La familia, de tradición parsi, envió a su hijo de 8 años a estudiar a un internado en la India para que recibiera mejor educación. Era tal la distancia, que el pequeño Farrokh solo iba a visitar a su familia en barco una vez al año y se comunicaban por carta.

A principios de los años 60, la familia huyó de la revolución de Zanzíbar a un suburbio londinense. El padre trabajaba de contable y la madre en los almacenes Marks and Spencer. La escena londinense fue un choque cultural para el bien educado y ambicioso Freddie. Descubrió a Jimi Hendrix, su gusto por la ropa extravagante, el cuero y las boas de plumas se avivó en Portobello Road y abrió un puesto en el legendario Kensington Market.

En 1970 fundó el grupo Queen con el doctorando de astrofísica Brian May como guitarrista y el estudiante de odontología Roger Taylor como batería. Más tarde se les unió el estudiante de electrónica John Deacon como bajista. Su rimbombante combinación de teatralidad exagerada y hard rock sobrepasó todas las fronteras de género. La revista de música Melody Maker escribió: «Queen es el futuro del rock'n'roll o son un puñado de gays delirantes que intentan subirse al tren de Bowie mientras que le toman el pelo de muy mala manera a Black Sabbath». Cuatro años después el grupo definió finalmente su estilo con el éxito Killer Queen y dio el salto internacional. Su carrera como superestrellas comenzó con himnos del rock como We Will Rock You, Don't Stop Me Now, Radio Ga Ga y A Kind of Magic.

Bohemian Rhapsody fue elegida como la mejor canción de la historia aunque su significado sigue siendo un misterio y el propio Mercury nunca realizó declaraciones al respecto. Peter Freestone, asistente personal del cantante durante muchos años, está convencido de que representa una «salida del armario» secreta. El grupo guarda silencio al respecto.

Las giras por estadios enormes frente a cientos de miles de fans son inolvidables. Mercury, que era más bien tímido y delgaducho, se transformaba en el escenario, con el puño apuntando al cielo y bailando con el pie del micro de forma insinuante. Tenía al público en la palma de su mano, apunta su biógrafa, Lesley Ann Jones: «Es lo que necesitaba, un público inmenso totalmente en conexión con él. La música liberaba a Freddie».

Múnich se convirtió en su segundo hogar, un refugio para trabajar y donde poder ir en busca de hombres a los bares gays del barrio Glockenbachviertel sin ser molestado. A principios de los 80 conoció allí a Barbara Valentin, una actriz austriaca que trabajaba habitualmente con el cineasta Rainer Werner Fassbinder. Vivieron juntos como pareja mientras que Mercury seguía teniendo aventuras con hombres. «For big tits and misconduct» («Por las tetas grandes y el mal comportamiento»): con esa dedicatoria se dirigió a la exhuberante intérprete rubia en los agradecimientos del álbum en solitario Mr. Bad Guy.

Su relación cambió cuando Mercury, a mediados de los 80, se hizo un corte en el dedo y le gritó que no tocara su sangre. A partir de aquel momento, Barbara Valentin formó parte del pequeño círculo de amigos que sabían que el cantante estaba enfermo de sida, aunque él nunca lo mencionara expresamente.

Aunque los medios sensacionalistas ya llevaban mucho tiempo especulando sobre su enfermedad, el artista no lo hizo público hasta noviembre de 1991, cuando tenía 45 años. Al día siguiente, el 24 de noviembre, Freddie Mercury murió de una neumonía como consecuencia de la infección de VIH. Tras su muerte, el grupo vendió más discos que nunca y Mercury se convirtió en una estrella mucho más grande que la que era cuando aún vivía.

Un año después de su fallecimiento, estrellas de todo el mundo dieron un concierto en su honor en el estadio Wembley ante 72.000 fans y aproximadamente 1.000 millones de telespectadores. La recaudación se donó a la lucha contra el sida. Sobre el escenario, David Bowie de rodillas, rezando un padrenuestro por su fallecido amigo.

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