Juan Jesús Rodríguez: «La ópera es un espectáculo popular, para el pueblo, y Verdi así lo escribía»

El barítono, que actúa en la ópera «Falstaff», sostiene que el papel de los cantantes líricos es «conmover, mover el corazón de la gente»


A Coruña / La Voz

Seis de la tarde. En el Palacio de la Ópera de A Coruña hay una pausa en los ensayos de Falstaff, la última obra escrita por Verdi. Entre los que van y vienen por los camerinos aparece al barítono Juan Jesús Rodríguez (Huelva, 1969) con unas bolsas con empanada y tortilla. «Cuando canto no como nada... Hay funciones que duran mucho y al acabar te comes una vaca [risas]». Es un artista no va de divo, a pesar de haber debutado este año en Metropolitan de Nueva York, que la suya fue la primera voz que sonó en el reconstruido Liceo de Barcelona o que haya trabajado con directores como Zubin Mehta, Lorin Maazel o Carlo Rizzi. En la programación lírica de A Coruña es el Ford de Falstaff.

-¿Se prepara mucho para cantar?

-Cuando canto duermo siesta, como algo ligero y ya no vuelvo a comer hasta que acaba la función. Puede ser que tome una pieza de fruta, depende de la ópera. Por ejemplo, Don Carlo, que dura cuatro horas, o Rigoletto, pues tomas alguna cosilla.

-¿Ya había hecho «Falstaff»?

-No, la he hecho en concierto, con Carlos Álvarez, que era Falstaff y yo Ford, y ahora la debuto en escena. Es la primera vez que la hago en escena. Es un personaje superbonito, el aria de la escena con Falstaff es maravillosa. Es muy divertido participar de esta ópera. Mi personaje es serio, aunque estamos ante una comedia.

-Para Zedda es una ópera divertida, pero con gran calado.

-Tiene mucho trasfondo y es una ópera muy seria musicalmente hablando. Es toda una filosofía como termina con esa frase: ‘Todo en el mundo es una burla’. El hombre por naturaleza es un burlón, busca tomárselo todo a risa... En estos tiempos eso no está mal. Es muy contemporáneo.

-¿Está especializado en Verdi?

-Sí, mi especialidad es Verdi y en los teatros siempre me llaman para roles de Verdi. Al principio he cantado de todo: bel canto, Mozart, pero ya desde mi primer Verdi, que fue Rigoletto hace ya diez años, no han parado de llamarme para estos papeles y me siento muy cómodo porque mi tesitura y mi voz está muy cómoda ahí.

-Va mucho a Italia ¿no?

-Sí, canto mucho en Italia, en Francia. Este año debuté en el Metropolitan de Nueva York y tengo debuts importantes en los próximos años, todos con Verdi.

-¿Por ejemplo?

-Voy hacer Simón Bocanegra; voy a ir a Israel y a Marsella. Vuelvo al Met con Cyrano de Bergerac, que no es un Verdi pero es una ópera muy interesante con Alagna... Y cosas que no puedo decir porque los teatros aún no presentaron sus temporadas.

-¿Pero ha pasado ya la crisis?

-Puede ser. Claro que la ha habido, pero no la he sentido tanto en mi caso. Yo empecé desde muy abajo: en el coro, luego en un coro profesional, luego fui haciendo personajes partiquinos, secundarios y luego principales. Yo estoy llegando naturalmente a un sitio que está por encima de la crisis.

-Viendo todo lo que hace parece que es más que un barítono...

-Soy profesor de canto porque llegué a un nivel técnico que la gente, cuando me ve, sobre todo los barítonos, pues me piden clases. Pienso que esto que tienes es para transmitirlo, no para llevártelo contigo. Por donde voy me van pidiendo clases y también las doy en Madrid. Y luego tengo un recital con una bailarina que hacemos un repertorio de napolitanas, arias... Un repertorio variado con la idea de acercar a todos los públicos lo que se hace en los grandes teatros que tantas veces es inaccesible para la gente. Hacemos retoques de grandes ballets, de grandes óperas y los acercamos al público.

-Hay personas que tienen como miedo de ir a una ópera...

-Entre el público hay cierta gente que cree que la ópera no es para ellos, cuando es todo lo contrario: la ópera un espectáculo popular, para el pueblo, y Verdi así lo escribía. Cuando alguien viene a la ópera por primera vez normalmente repite porque descubre que no hace falta ser un entendido de nada para que esa persona que está encima del escenario haciendo una obra de teatro -porque es teatro lo que hacemos, contando una historia- transmita todo lo que tiene que transmitir. Realmente nuestro trabajo es conmover, mover de una posición al público. Hay gente que viene virgen, por decirlo de alguna manera, que nunca ha visto nada, y hay gente muy entendida pero al final lo importante es llegar al corazón de esas personas y provocar un movimiento. Ese es nuestro trabajo y eso es universal, para todo el mundo.

-¿Es algo complicado?

-Yo creo que no. No es complicado porque la naturaleza es maravillosa. Cuando tu respetas la naturaleza, la voz, y tu intención es conmover, dar algo, se produce el milagro como en todas la profesiones. Cuando alguien tiene una vocación, sirve para algo y se da se produce algo.

-Usted da en el escenario, y también fuera con una oenegé.

-Sí, precisamente en Coruña hicimos nuestra segunda gala india. La oenegé, Kiva Mirando a India, es una organización que se dedica a la matriculación de niños y niñas, que están muy en la pobreza. Lo que hacemos es ofrecerles una educación, les financiamos la escuela que es la manera que nosotros entendemos de poder salvar sus vidas. Son niños de un estado en el que solo hablan su dialecto, por lo que no pueden salir de donde están. Son muy pobres, acaban dejando el colegio muy pronto y siendo explotados por las mafias... Darles una educación les permiten poder salir, seguir estudiando, lograr un trabajo digno, y eso es fundamental para sus vidas.

«En el Metropolitan de Nueva York estábamos cuatro que actuamos antes en A Coruña»

Juan Jesús Rodríguez es uno de los artistas habituales desde hace tiempo en los conciertos de la programación lírica de A Coruña. «Vengo casi todos lo años. De hecho, cuando pasó lo de la suspensión de la Temporada Lírica -que todavía está el tema candente, un poco en el aire-, yo estaba en el Metropolitan en ese momento. Y allí me dirigía Marco Armiliato, que es un director que ha dirigido en A Coruña, y cantaba con la soprano Angela Meade, que también ha cantado aquí Il trovatore», recuerda el barítono onubense.

-¿Y cómo reaccionaron al saber que se había suspendido la Temporada Lírica?

-No nos podíamos creer que estuviera pasando eso en A Coruña. Fíjate que te hablo de uno de los mejores teatros del mundo y simplemente en mi producción había tres personas que habían actuado aquí. La ópera en A Coruña es muy importante y se conoce en todo el mundo. Cuando se lo conté allí no se lo creían y todos nos ofrecimos a venir aquí a lo que haga falta porque para nosotros es muy importante que se mantenga esta Temporada Lírica. Y también para el público y para la ciudad.

-Ha estado en momentos clave como la reapertura del Liceo de Barcelona...

-Soy especialista en inauguración de teatros [risas]. Después del incendio del Liceo, cuando se reabrió, la primera voz que sonó fue la mía, porque hice el Mandarino de Turandot. En el Teatro Real de Madrid también estuve en Divinas Palabras, que fue la que inauguró la ópera en el teatro. He estado en el Guyatt... Y así en varios teatros.

-¿Esta programación es como la reinauguración de la Temporada Lírica?

-Si no hubiera sido esto hubiera sido otra cosa porque yo tenía claro que había que venir a A Coruña a seguir conmoviendo, que es nuestro trabajo, te paguen, no te paguen, haya dinero, no haya dinero... No es lo ideal, pero nosotros tenemos el poder con nuestras voces de mantener esto.

-Parece que todos los que pasaron por aquí así lo entienden...

-¡Claro! Qué casualidad que cuando yo me entero de esto en el Metropolitan, en Nueva York, estamos allí tres personas cada uno de un país (un americano, un italiano y un español) que habíamos actuado aquí. ¡Ah! También estaba Celso [Albelo], que debutaba. Cuatro personas en el Metropolitan de Nueva York que somos habituales de la Temporada Lírica de A Coruña... Me parece que es algo muy importante.

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