Una Mostra opulenta toma Venecia con el poderío de su sección oficial

josé luis losa VENECIA / E. LA VOZ

CULTURA

FILIPPO MONTEFORTE | AFP

Arranca hoy una cita en la que comparecen cineastas veteranos y jóvenes valores

31 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La Mostra de Venecia se ha desperezado. Aunque en los últimos años el pleno hollywoodiense de estrenar aquí Gravity, Birdman o Spotlight ocultó baches, esta vez el equipo de Alberto Barbera se ha puesto las pilas. Porque no faltan, de nuevo, los flashes norteamericanos, con el temidísimo remake de Los siete magníficos, el filme bélico de Mel Gibson Hacksaw Ridge o el musical cool La La Land, de Damien Chazelle, que hoy abre el festival.

Pero por encima de ellos brilla el poderío de una sección oficial en la que lucharán por el León de Oro popes que sobrevienen del cine del pasado siglo, como Wenders, Kusturica (protagonista, además, de su película, acompañado de Monica Bellucci), jóvenes coroneles que vienen triunfando en Cannes o Berlín desde Latinoamérica -el mexicano Amat Escalante, con otra promesa de violencia extrema, La región salvaje, el chileno Larraín y su Natalie Portman como Jackie Kennedy en viuda ensangrentada- o desde la pasarela, con el regreso del diseñador Tom Ford, en una adaptación de la fastuosa novela Nocturnal Animals, de Austin Wright.

Hay también dos distopías de lujo, la fantacientífica Arrival, del emergente Denis Villeneuve, y la a priori bien sugestiva The Bad Batch, de Ana Lily Amirpour, con Jim Carrey y Keanu Reeves como zombis en la Texas profunda. Y, en el colmo cosmológico, comparece de nuevo, tras dos sonoros batacazos de delirante megalomanía, el gurú del Gurugú Terrence Malick, con una amenazante lección sobre el pasado y el futuro, la ameba, el dinosaurio (otra vez) y los planetas, que tiene toda la pinta de eclipse mesiánico que nos hará sufrir. Aunque, puestos a temblar, esta Mostra anuncia la segunda parte de la tortura del secuestro filipino, a cargo del director de tal nacionalidad Lav Diaz. Si en Berlín nos encerraron ante una película de ocho horas de duración de este figurín del postureo alternativo, Díaz vuelve a las andadas con una propuesta de más de cuatro horas a todas luces sadomasoquista para quienes no militamos en su secta.