Julia Montejo: «Nuestras vidas están envueltas de secretos que no planeamos»

«Los abrazos oscuros» narra la caída en picado de una mujer infiel cuya vida perfecta se desmorona

Julia Montejo presenta su cuarta novela
Julia Montejo presenta su cuarta novela

barcelona / e. la voz

«Vamos por la vida oyendo mal, viendo mal e interpretando mal para dar sentido a la historia que nos contamos a nosotros mismos». Es una cita de la periodista estadounidense Janet Malcolm que abre Los abrazos oscuros (Lumen), la cuarta novela de la escritora, guionista y directora de cine Julia Montejo (Pamplona, 1972). La obra narra la caída en picado de una mujer infiel que ve cómo su vida, aparente y falsamente perfecta, se desmorona.

-¿Cómo nace «Los abrazos oscuros»?

-Yo me planteo cada novela como un reto. En este caso el reto era contar una historia con muy pocos personajes, de marcado carácter psicológico y con un tema con el que mucha gente podría empatizar: una mujer, cuya vida parece perfecta desde fuera, de repente ve cómo todo se resquebraja.

-¿Podría entenderse como una novela sobre la fragilidad de las relaciones personales?

-Sí. Habla de la fragilidad y, sobre todo, de cómo construimos relaciones tan frágiles. De que nuestras vidas, en realidad, están envueltas de secretos que muchas veces no planeamos. De alguna manera, en el proceso de construirnos dejamos atrás el pasado, pero el pasado siempre vuelve. Y cuando queremos olvidar y empezar de cero, al final no hacemos otra cosa que construir un edificio con unos cimientos que son más frágiles de lo que creemos. De ahí el título de esta novela, pues creo que todos poseemos zonas oscuras que nos reservamos solo para nosotros mismos.

-Es una novela que hace referencia a lo difícil que es llegar a conocerse bien a uno mismo y, por ende, a los demás.

-Sí. La novela trata de reflejar que todos seríamos capaces de cosas que ni nos imaginamos si las circunstancias de nuestro alrededor fueran otras. Yo quería poner a mi protagonista, a Virginia, en esa situación. La cita de Janet Malcolm, que abre el libro, tiene que ver con esta idea: no somos la persona que nos pensamos, sino la proyección de ese alguien que hemos querido construir y que, a la vez, está condicionado por unas circunstancias concretas. Cuando nos damos cuenta de que la persona que hemos construido es una mera ficción, todo se derrumba.

-Las protagonistas de sus novelas tienden a ser mujeres fuertes y con un gran impulso de libertad, alejadas de estereotipos. ¿Es algo deliberado?

-No, pero desde luego es algo que nace de mí. Por ejemplo, en mi novela anterior, Lo que tengo que contarte [Lumen, 2015], sí hubo una intención de escribir una historia con un personaje femenino que contara cosas del siglo XVII que tradicionalmente han sido contadas por hombres. En este caso, la historia es muy diferente. He elegido a una mujer como protagonista porque me pareció que iba a poder desarrollarla mejor; creo que el trance por el que pasa Virginia es algo con lo que cualquier mujer del siglo XXI se puede identificar.

-El amor y el deseo son temas recurrentes en sus novelas.

-El deseo es muy importante porque mueve el mundo. Si arañáramos en las decisiones que condicionan nuestra vida -tanto las pequeñas como las grandes- veríamos que el deseo juega mucho en ellas. Puede ser el deseo de poder, de sexo, de ambición personal? En el caso de Los abrazos oscuros, parece que todo gira alrededor de una infidelidad, pero en realidad el deseo trasciende a todo eso y tiene más que ver con la necesidad de Virginia de saber quién es y de sentirse completa. De sentirse segura. Virginia es una mujer que cree que está segura, pero descubre que esa seguridad se puede resquebrajar en cualquier momento.

-En «Los abrazos oscuros» hay también una crítica hacia el orden sentimental predominante, el matrimonio.

-Creo que muchas veces relacionamos el matrimonio con el ideal de amor romántico, que es pura ficción vista en películas y leída en novelas. En ese sentido, sí que hay una crítica al matrimonio. Virginia se da cuenta de que un matrimonio debería ser mucho más que eso.

-Viene del mundo del cine. ¿De qué manera saber escribir un guion le ha ayudado a escribir novelas?

-Quizás a la hora de afrontar la novela, a la que tengo mucho respeto como obra de ficción con una arquitectura detrás; es muy importante que la novela tenga arquitectura, que el escritor o escritora se lo haya pensado bien, que todo tenga una armonía. Y, sobre todo, me gusta que las novelas sean fibrosas. Esto es algo que me viene del mundo del guion, donde no puedes escribir cosas que tengan paja y donde cada palabra y frase deben estar justificadas. En el guion no hay palabras que sobran porque, si no, nos aburriríamos delante de la pantalla. Yo, en ese sentido, sí que quiero tratar con mucho respeto a mi lector y que el tiempo que me dedica no sea uno perdido.

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