«Solos en Londres», una ventana al origen de la multiculturalidad británica

La versión española del clásico de Selvon coincide con ataques racistas tras el «brexit»


Londres / E. La Voz

Hace 70 años, el escritor Sam Selvon publicaba Solos en Londres, uno de los textos clave de la literatura antillana. Una narración en primera persona de la primera oleada de caribeños que cambiaron para siempre el rostro de Reino Unido y que no tuvieron las cosas fáciles en una sociedad intolerante. Ahora, la editorial Automática celebra el aniversario apostando por la que es la primera traducción del libro al español. Una oportunidad de comprender la multiculturalidad de Londres a día de hoy, al mismo tiempo que se produce una ola de ataques racistas tras el anuncio del brexit.

En Solos en Londres acaba de concluir la Segunda Guerra Mundial y un Reino Unido con muchas bajas necesita mano de obra. La solución, buscar a gente en sus colonias y la Commonwealth. Ahí están los caribeños, atraídos por las perspectivas de un futuro mejor y de cobrar a la semana cinco libras de las de entonces. Al poner un pie en la «madre patria», poco a poco se dan cuenta de que no tienen un sitio para vivir y que solo pueden aspirar a hacer los peores trabajos.

Selvon transporta al lector a una tarde dura de invierno en Londres, donde no puede faltar la niebla, ni un bus de la línea 46 para poder ir a Waterloo. Allí llegan los inmigrantes de su larga travesía en barco. Los personajes hablan criollo y no les borra las peculiaridades lingüísticas de Trinidad y las Antillas. Enrique Maldonado Roldán no tuvo fácil la traducción. De hecho compara su labor con la de un relojero, ya que Selvon construyó un reloj «pequeño, manejable, preciso y perfecto», pero él tuvo que hacer una selección precisa, sin usar jamás el martillo y dándole aroma hasta tener la misma maquinaria.

El propio Selvon es un inmigrante más en Londres, pero su vida y la de sus compatriotas también tiene otras desagradables sorpresas para las que no están preparados. «Con calma, no puedes aprender todo el primer día que llegas», dice Moisés, el protagonista, cuando recibe a sus colegas recién llegados. Se asientan por las áreas de Bayswater Road y Notting Hill Gate. Ellos traen la música a las calles y una alegría a la que los locales no están acostumbrados. Surgen las primeras parejas interraciales, que no eran bien vistas por muchos hombres blancos. Y también hay peleas y tensiones.

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Es la misma década político Enoch Powell advertía al parlamento británico que si continuaban llegando inmigrantes los caminos del país se convertirían en «ríos de sangre». La de Powell es un figura que bien se podría comparar con la del actual líder del euroescéptico partido independentista UKIP, Nigel Farage, y sus llamadas a mandar a todos los inmigrantes «de vuelta por donde han venido».

Ahora, la capital británica recibe a inmigrantes de otros rincones de la UE haciendo de nuevo esos trabajos que nadie quiere hacer. Conductores de camiones, señoras de la limpieza, enfermeras, camareros y otras más que pueden ser sumados ala lista. Los terminan haciendo polacos, rumanos, españoles, portugueses, italianos y griegos.

Y si bien no estamos ante los motines raciales de 1958 en Notting Hill, la primera consecuencia del brexit para esta comunidad es que por primera vez no se sienten bienvenidos en un país que consideraban su hogar. Ha aumentado la crispación pero también la alerta a más actos xenófobos. Muchos ya tienen a un conocido o a un familiar que ha presenciado un comentario racista o un incidente en un bar por el que no dejan de culpar al tono de la campaña de los partidarios de la salida de la UE. Y queda así la duda, de si todo lo conseguido desde Solo en Londres se puede ir al garete.

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