La vida literaria de Cela, de vagabundo al Nobel, retratada en 600 piezas

La Biblioteca Nacional reconstruye en una exposición las facetas del complejo autor


Redacción / La Voz

Reconstruir la compleja personalidad de Camilo José Cela es el propósito de la exposición CJC 2016. El centenario de un Nobel. Un libro y toda la soledad, que se inaugura mañana en la Biblioteca Nacional. Cuenta para ello con más de 600 piezas con las que aspira a reflejar las diferentes caras del autor visto como un poliedro, en palabras del comisario de la muestra, Adolfo Sotelo Vázquez. «Novelista, narrador, articulista, vagabundo, memorialista, dramaturgo, lexicógrafo y poeta», enumera Sotelo Vázquez, quien resume todas ellas en una sola definición: «Un clásico de las letras del siglo XX».

Entre las facetas, lógicamente, la que más se destaca es la de narrador, un papel central en las 44 secciones que articulan lo que el comisario califica de «recorrido veraz y atractivo por todos los perfiles del escritor». La vocación narrativa, la importancia de sus libros y la relación con la sociedad de su tiempo son ejes que se mantienen inmóviles para vertebrar la organización cronológica de las piezas expuestas. A la vez, hay otras caras menos conocidas de Cela que quedan retratadas. Editor, académico o incluso artista -se pueden ver algunos de sus trabajos pictóricos, que en su día, a finales de la década de los 40, se mostraron en Madrid y A Coruña- son algunos de esos perfiles que en vida de Cela tuvieron una difusión más restringida. También hay curiosidades, como su participación como actor en tres películas entre 1948 y 1953.

Arco temporal

La muestra permite, por tanto, seguir la trayectoria literaria y vital de un Cela que pasó de vagabundear por los caminos de la Alcarria a recibir el Nobel de literatura. No obstante, el arco temporal de la exposición es más amplio, ya que arranca en el año de su nacimiento, 1916, y llega hasta el 2002, con su muerte. «El orden es cronológico y el período que abarca cada sección es oscilante», explica el comisario. «Por regla general, se ha dedicado una sección independiente a cada una de las obras más importantes de Cela, especialmente a sus novelas».

En ese acontecer literario están subrayadas sus influencias -Sotelo Vázquez cita expresamente a Baroja y Valle-Inclán- pero también es el propio Cela, a través de la inclusión de numerosos textos autobiográficos, quien relata su propia trayectoria como escritor. Las novelas reciben una atención especial a lo largo de la muestra, como también lo que se denomina «los otros caminos» de su escritura; en ellos destaca de forma singular su narrativa de viajes, género en el que entregó una obra cimera como Viaje a la Alcarria: una fotografía expuesta en la Biblioteca Nacional recoge los preparativos antes de la partida, con el macuto y otros útiles desplegados sobre una mesa.

La concesión del premio Nobel en 1989 también dispone de una sección propia, como también su paso por la Real Academia Española, en la que ingresaría en 1957, y su papel como promotor cultural y director de publicaciones, especialmente la revista Papeles de Sons Armadans. Los miles de artículos que firmó a lo largo de su vida también asoman en la muestra, así como extractos de su inmenso fondo epistolar. Como dice Sotelo Vázquez, «siempre se ofrecen documentos periodísticos que muestran la proyección de Cela en los ambientes intelectuales y en los medios culturales».

La exposición CJC 2016. El centenario de un Nobel. Un libro y toda la soledad está organizada por Acción Cultural Española y la fundación pública gallega Camilo José Cela, en colaboración con la Biblioteca Nacional, donde se podrá ver hasta el 25 de septiembre. Después viajará hasta la Ciudad de la Cultura, que la albergará entre el 18 de noviembre y el 19 de febrero del 2017.

De cuando «La colmena» se titulaba «Café Europeo»

Una aportación relevante a la muestra la constituyen los textos de Cela. De cada obra se pueden ver la primera edición y de algunas el manuscrito, así como traducciones y reseñas que recogen cómo fue su recepción crítica. Los manuscritos ofrecen información del proceso de escritura del autor, como las correcciones o cambios en busca de la versión definitiva. O curiosidades como el arranque de La colmena, que lleva como título Café Europeo -el establecimiento madrileño que inspiró la obra- y que está dedicado al hermano de Cela: «Juan Carlos, guardiamarina».

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