Jorge Edwards: «El estímulo que recibo para trabajar en España no lo encuentro en Chile»

A sus 84 años, el premio Cervantes publica «La última hermana», sobre la transformación vital de una mujer


madrid

«Escribo porque me da la gana». Y es una gran noticia entre las muchas que ha generado Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931), escritor chileno que dice que para serlo es mejor vivir en España. Que varios periodistas, incluso de su país natal, le preguntaran al premio Cervantes de 1999 que por qué seguía escribiendo a los 84 años no es sino una demostración de la profundidad psicológica que alcanza a veces esta profesión... ¿Por qué escribe usted a esta edad? Escribe porque tiene quien le lea y cosas que decir. Como, por ejemplo, La última hermana (Ediciones El Acantilado), un libro en el que junto a su maestría a la hora de incorporar el contexto histórico y sociológico: la realidad entra de lleno en el factor de conversión, cambio y transformación que excepcionalmente a veces sucede en las personas.

Jorge Edwards no obvia por tanto en sus obras, ni su condición de diplomático, de periodista o de simplemente ciudadano de dos continentes. Y, de hecho, a este La última hermana llega por avatares de su primera época en la embajada de Chile en París, en donde ocupaba el último rango pero se encontró con una historia de primera en la figura de María, protagonista de la historia, una mujer que da un giro radical y de los salones de té se pasa a salvar vidas entre la crueldad de la Guerra Civil española. Lo que sí se puede decir es que Edwards ha conseguido ser lo que más ha anhelado en toda su vida y puesto todo su empeño: ser el segundo inútil de la familia. El primero es su tío Joaquín (lean El inútil de la familia), al que admira tanto que considera inalcanzable.

-«La última hermana» es una historia total. En la que el personaje sufre una transformación en medio de acontecimientos que modifican la historia. ¿Le interesaba más el aspecto psicológico de ese cambio?

-Me fascina mucho el cambio que puede darse en las personas. Que no es nada fácil. Pero este personaje real además de cambiar realiza una labor heroica salvando la vida a más de 60 niños. Pero, además, me interesa también ver esa oportunidad general de transformarse como forma de no clasificar siempre a las personas. La historia de María es fascinante por eso. Pasa de una situación privilegiada a luchar por la vida de otros. Y creo que hay que llegar a la conclusión de que la persona puede cambiar.

-Pero la historia, la que usted crea, se fragua en París...

-Sí, yo había oído esa historia en mi primera época en la embajada de París. Luego, cuando en el 2000 me ofrecen ser embajador desde el gobierno de Sebastián Piñera, que fue una extravagancia a la que no me pude resistir, y es mi segunda etapa allí, la retomo. Surge porque conocí mucho el París hispanista.

-Es decir, que escribe porque le da gana y porque se le aparecen historias. Y cuando empieza a escribir, ¿por qué lo hace?

-Ahora mismo lo que más me gusta en la vida es leer y escribir. Ese es mi placer superior. Empecé a escribir pronto, de muy pequeño. En una familia en la que no estaba bien visto. En mi familia había alguien a quien el resto de la familia no le gustaba enseñar: mi tío Joaquín. Hasta el punto de que le llamaban el inútil de Joaquín. Yo también quería ser como él, pero mi tío tuvo una historia fascinante.

-¿Cuál sería la novela de la España actual? ¿Una novela de humor o de terror?

-Sería de las dos cosas. No me gusta que las historias se clasifiquen por géneros. Además, en mi caso, en todas mis novelas hay un elemento fundamental que es la realidad.

-¿Y si quería ser escritor de dónde sacó tiempo para ser tantas otras cosas, como diplomático, periodista, crítico...?

-Cuando era chico sabía que tenía que trabajar para vivir. Yo no era de los Edwards ricos, que los había. Y también sabía, como todo el mundo, que para ganarme la vida me hacía falta algo más que ser escritor. Neruda, Gabriela Mistral y otros habían sido diplomáticos y opté por ahí. Me aburrí mucho pero saqué cosas prácticas. Y en el ejercicio de la profesión descubrí aspectos que no conocía como las relaciones de fuerza de los países. Ahora, también en París, descubrí que para poder escribir no podía ir a las muchas cenas a las que me invitaban. Iba a todo lo que fuera pero a las cenas, no. Para levantarme a las 5 de la mañana y poder escribir.

-Como periodista, ¿qué opinión tiene del estado actual de esta profesión?

-Ahora mismo hay una concurrencia de medios extraordinarios. Pero, a la vez, la veo como una profesión aún más complicada. Exige compromiso, porque si no se asume el compromiso se dicen tonterías. Por otro lado, también veo que el periodismo está más amenazado que nunca. En aspectos más concretos me referiría a la crítica. Antes, el crítico, aunque fuera modestamente, vivía de la crítica. Y había un respeto a la personalidad del escritor. Ahora no hay ninguna de las dos cosas porque no se cuidan esos aspectos.

-¿Dónde le gusta vivir más: en España o en Chile?

-En España escribo y trabajo con más libertad. En Chile me lo paso bien. Conozco al que me vende los periódicos, tengo amigos, me reencuentro con gente. Pero al cabo de un tiempo me aburro. Chile es un país muy culto pero con una cultura muy pequeña. Como puede ver, me gustan los dos sitios. Eso sí, los estímulos que recibo para trabajar en España no los encuentro en Chile.

-¿Le gusta el norte de España, Galicia?

-Me gusta, porque además tengo origen por parte de mi madre de aquella zona. Y Galicia o Asturias me gustan porque me recuerdan por el clima a Valparaíso. Me gusta mucho ir por aquella zona.

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