La voz que ilusionó a Palestina

Más allá de una trama de superación personal con desenlace conocido, «Idol» es irregular en su narrativa, a lo que contribuye la áspera transición entre los ambientes en Gaza y los de El Cairo


Reconoce el director, Hany Abu-Assad, que también se echó a la calle aquella noche de junio del 2013 para ver la final de Arab Idol, el popular concurso musical que se emitía desde El Cairo, a la que llegaba su compatriota Mohammad Assaf. Se desató una emoción colectiva. En medio del terrible drama cotidiano, lo de Assaf adquiría dimensiones de gesta para Palestina. Por eso Abu-Assad aceptó recrear su peripecia, apartándose de su cine previo (actualmente prepara en Hollywood, para la Fox, un filme con Idris Elba), sobre todo las notables Paradise Now (2006) y Omar (2013), ambas preseleccionadas al Óscar. Más allá de una trama de superación personal con desenlace conocido, Idol es irregular en su narrativa, a lo que contribuye la áspera transición entre los ambientes en Gaza (en un muy agradecido tono neorrealista) y los de El Cairo (impregnados de parafernalia catódica).

De una primera parte recogiendo la infancia del protagonista, la estrecha relación afectiva con su hermana, el día a día de un pueblo que sobrevive al acoso israelí y que culmina cuando Assaf se fuga a El Cairo, a una segunda que se centra en preparar el asalto final al premio. El recurso de los minutos finales, con la transición dramática del actor al personaje real, entra en lo previsible, y Abu-Assad utiliza las imágenes documentales con el desenlace del concurso y el entusiasmo popular en toda Palestina -excepción de algunos sectores, pero eso aquí importa menos-. Sin duda, Idol también busca denunciar la situación en la región, aunque el guion haya pasado de puntillas por los detalles, tanto en clave interna como en relación con Israel. Lo resuelve con pinceladas, ya que el propio desenlace de la trama lleva implícita la penitencia: Mohammad Assaf es actualmente embajador de Acnur para Palestina por mandato de la ONU y eso le otorga pasaporte diplomático, aunque siga necesitando permiso de Israel para entrar y salir de Gaza? Película bienintencionada, casi a modo de un cuento producido por Disney. Tenía un sueño y su pueblo compartió su voz.

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