Rodando en Galicia con Valle

Sus adaptaciones al cine trajeron entre 1959 y 1987 a directores como Bardem, Marsillach, Gonzalo Suárez y García Sánchez


Entre los escritores más frecuentados por el cine español, está Ramón María del Valle-Inclán, el que más rodajes trajo a Galicia, en concreto Sonatas (1959), Flor de Santidad (1972), Beatriz (1976) y Divinas palabras (1987), cuatro de sus ocho adaptaciones, una de ellas en México, Divinas palabras (Juan Ibáñez, 1977), y otra coproducida en Cuba con varios profesionales gallegos: Tirano Banderas (1993). Miembro de la generación del 98, Valle está considerado, junto a Azorín, como el más interesado del grupo por el cine, y que incluso asumió en su escritura recursos de estilo propios del nuevo medio de expresión. Espectador frecuente, también opinó sobre el cine y su relación con el teatro. Así, en 1933, cercana su muerte, cuando ya se imponía el sonoro, en el periódico Luz, reprochaba al teatro «de camilla casera» que no siguiera «el ejemplo del cine actual, que, sin palabras y sin tono, únicamente valiéndose del dinamismo y la variedad de imágenes, de escenarios, ha sabido triunfar en todo el mundo?».

La plasticidad de su prosa y su compleja dramaturgia retrasarían su llegada a la pantalla grande hasta 1959, con Sonatas, coproducción con México a cargo de Juan Antonio Bardem, que guionizó la Sonata de Otoño y la Sonata de Estío, y con un reparto que contó con Fernando Rey, Francisco Rabal, María Félix y Aurora Bautista. Arranca en 1824, en las tensiones entre realistas y liberales, con el marqués de Bradomín siendo salvado por el capitán Casares, que huirá a México en donde tendrá especial relieve la Niña Chole vestida por María Félix. Se tomaron exteriores en A Lanzada y el pazo de Oca, antes de irse a México con el exiliado Carlos Velo como consejero de producción. Durante el rodaje, a Bardem le sucedió lo que llamó «meigada de Valle-Inclán», al romperse un brazo tras caer a un estanque vacío en Oca.

Filme amputado y violado

Flor de santidad fue el primero y único filme del actor y dramaturgo Adolfo Marsillach, ambientado mediando el siglo XIX con la carlistada de fondo. El director calificó su estancia en Galicia de «gozada» tras descubrir «sitios maravillosos, panoramas insólitos, piedras milenarias?», pero después todo fueron problemas: «La primera versión [?] no gustó ni a los herederos del manco genial ni a los censores», de manera que «fue amputada, pisoteada y violada». Cuenta que la censura incluso mudó la frase de Ismael Merlo «¡Pobre España!» por «¡Pobre santiña!». El reparto incluía a Eliana de Santis, Francisco Balcells y el coruñés Antonio Casas, con tomas en Mondoñedo, Carboeiro, Compostela, Tui y el pazo de Sistallo, entre otros.

Aunque Beatriz tenía a Gonzalo Suárez como director -con guion junto a Santiago Moncada desde los cuentos Beatriz y Mi hermana Antonia, de El jardín umbrío-, se adscribió al cine entonces vigente por la relajación censora en cuanto a erotismo, de modo que hasta Suárez calificó el libreto como «producto de charcutería nacional, convirtiendo un relato sutil en una abracadabrante historia de exorcismos sangrientos y a Galicia en una sucursal de la Hammer». Se ambienta en un pazo (el de Tor, en Monforte) en donde ocurren hechos singulares cuando llega un misterioso fraile encarnado por Jorge Rivero -«execrable actor mexicano» según Suárez-, a quien acompañaban José Sacristán y Carmen Sevilla junto a Nadiuska y la malograda Sandra Mozarowsky, ambas musas del vigente cine S.

El filón Valle-Inclán con Galicia y el cine lo completó en 1987 la tragicomedia Divinas palabras, a cargo de José Luis García Sánchez (que volvería a Valle en el 2008 con la poco vista Esperpentos), con secuencias en los alrededores de Santiago, además de Padrón, A Lanzada, San Vicente de O Grove e Illa de Arousa, entre otros lugares. La Galicia invernal de 1920, con Pedro Galio, Mari Gaila y los demás, se rodó en una primavera muy seca, con Víctor Manuel y Ana Belén también implicados en la producción. Imanol Arias, la propia Belén, Paco Rabal, Juan Echanove, Esperanza Roy y numerosos actores gallegos como secundarios, completaron un plantel que integraba a Milladoiro en la música y a Xoán Piñón en la foto-fija.

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