Anomalía animada

Basada en una obra de teatro del propio Kaufman, esta pequeña joya de la animación es una película descarnada, desconcertante por veces, pero bella en sus imágenes y su planteamiento


Tras una carrera brillante como guionista (Cómo ser John Malkovich, El ladrón de orquídeas, ¡Olvídate de mí!), y unos inicios titubeantes como director (la no suficientemente valorada Synecdoche, New York, 2008) que le llevaron a años de silencio, Charlie Kaufman retorna al cine por la puerta grande, con el guion (compartido con el animador Dan Harmon), dirección (con Duke Johnson) y producción de Anomalisa, película de animación para adultos que se sale de los parámetros habituales, y que, desde un inicio aparentemente sencillo, pronto deviene en la paranoia subconsciente a la que el genio de Kaufman nos tiene acostumbrados.

Anomalisa es una anomalía en sí misma, y es también una anomalía en el mundo de la animación. Rodada con la técnica del stop-motion, sus marionetas se convierten en reflejo y herramienta de deconstrucción de los seres humanos; «Qué significa ser humano?», «qué es estar vivo?», se pregunta el protagonista, gurú motivacionista de la venta telefónica, en una conferencia en la cual acaba zampándoselo su crisis existencial.

Como un alter ego del propio Kaufman, en este hombre-marioneta late la angustia y la soledad (la del hombre moderno). Cuando el tiempo y la rutina han convertido a la masa que le rodea en un amalgama de monótonas e idénticas voces y rostros, la anomalía que se presenta de improviso (en este caso, una voz femenina diferente) es perseguida con desesperación y devoción, aunque, como todo en esta vida (parece decirnos el director), es efímera y resbala entre nuestros dedos cuanto más tratemos de aprehenderla.

Basada en una obra de teatro del propio Kaufman, esta pequeña joya de la animación es una película descarnada, desconcertante por veces, pero bella en sus imágenes y su planteamiento, donde destacan momentos como la noche de sexo de la pareja, o el de la mujer/marioneta/anomalía cantando a capella las dos versiones del Girls Just Want to Have Fun de Cindy Lauper.

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