Cristina Pato defiende la tradición musical en la Berlinale

La gaiteira acude al festival de cine como protagonista de un documental de Morgan Neville sobre el Silk Road Ensemble

Tráiler de «The Music of Strangers»

EFE

La Berlinale acoge el estreno europeo de The Music of Strangers: Yo-Yo Ma and the Silk Road Ensemble, un documental de Morgan Neville que presenta, de la mano, entre otros, de la gaiteira gallega Cristina Pato, la labor de este proyecto musical de preservar las tradiciones.

El filme no es un documental sobre el Silk Road Ensemble o sobre el violonchelista Yo-Yo Ma, el creador de este colectivo, sino que reúne «un montón de historias» que se cuentan a través de cinco personajes y que «al final te hacen relacionar la música con emociones que son inexpresables de otra manera», explica Pato en entrevista. «Lo más bonito de la película es la manera que tuvo Morgan, el director, de contar las historias individuales, las cinco historias individuales, y como se relacionan con el colectivo del ensemble», afirma.

Según Pato, «eso representa muy bien la historia del propio ensemble», que no responde al concepto habitual de orquesta, sino que constituye un grupo de músicos que viven en diferentes partes del mundo y que se reúnen unas tres veces al año para giras, residencias en universidades o para proyectos educativos.

En cierto modo, agrega, «las tragedias de cada uno de los que están ahí representados (en el filme), que es un porcentaje muy pequeño de todo el colectivo, te hacen recordar por qué la cultura importa tanto».

Neville, ganador de un Óscar al mejor documental en el 2014 por 20 feet from Stardom (A 20 pasos de la fama), realiza durante 96 minutos un recorrido por la vida y experiencias creativas de los miembros de la formación y describe cómo «exploran el poder de la música para preservar la tradición, dar forma a la evolución cultural e inspirar la esperanza», reza la presentación del filme.

Para Pato, que lleva toda su vida «viviendo entre dos mundos musicales que parece que tenían un muro entre ellos como es la música tradicional y la música clásica», el ensemble, que es como «una especie de laboratorio», le dio la oportunidad de «explorar qué son las cosas que conectan a los dos mundos».

En ese proceso de exploración, asegura, se dio cuenta de que el resto de compañeros tenían las mismas preguntas que ella respecto a qué es lo que hacen y cuál es su labor en este mundo para sacar las cosas adelante.

En este sentido, señala, Yo-Yo Ma es como un maestro que les «enseña con el ejemplo» a intentar entender «cuál es tu rol en la sociedad a la hora de reaccionar a los retos que se presentan a tu alrededor».

Pato empezó a trabajar con Yo-Yo Ma y con el ensemble hace diez años cuando se fue a Nueva York para cumplir su «sueño de infancia» de hacer un doctorado en piano clásico después de varios años dedicada a la música celta en España y con la gaita al hombro, explica.

«Yo-Yo tiene un mantra en el que habla constantemente de que la única manera de mantener una tradición viva es innovándola, y que la colaboración, la flexibilidad, la generosidad y la curiosidad son las cosas que mantienen al ser humano vivo», cuenta. Según Pato, «irse de la tradición no sólo significa hacer música de otras culturas», sino a veces también «tener que explicar» por qué pone la gaita en el pop, en el rock o, como ahora, en el mundo de las orquestas o del jazz o de la música clásica.

«El regalo que tengo yo es tocar un instrumento que ya lleva la palabra Galicia en él», que «suena con mucho volumen, conecta con muchas tradiciones y cuenta la historia de la tierra en la que nació», afirma.

El hecho de tocar un instrumento que, además, «representa una comunidad y tiene muchísimo más significado de lo que es el instrumento en sí», hizo, sobre todo al principio de su carrera, que se lo pensara mucho antes de presentar al público cualquier proyecto musical que se saliera de la tradición, señala.

Conservar la música tradicional es para la gaiteira «un reto fascinante» y el estar desplazada «muchas veces te ayuda a tener una perspectiva un poco más optimista de qué es lo que puedes hacer con lo que tienes entre tus manos». Con ese espíritu, Pato creó hace cuatro años un festival en Galicia, que también aparece en el documental y «que sigue la estela del Silk Road a la hora de juntar a personajes dispares y de intentar encontrar cuáles son las cosas que nos unen en vez de las cosas que nos separan». 

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