Cuando el brutal Takeshi Kitano encontró a Javier Marías

El relato corto de Marías lo digiere Wang como un perturbador excurso por los territorios de «Lolita», «La ventana indiscreta» y «El placer de los extraños»


Berlín / E. La Voz

El cine hace extraños compañeros de cama. Pensar que Takeshi Kitano, renovador bizarro del cine de yakuzas, campeón del más brutal torrentismo japonés, se iba a convertir en actor principal de una adaptación del delicado Javier Marías suena a casting imposible. Pero el largo tiempo esfumado Wayne Wang ficha a Kitano como el maduro partenaire de su muy joven musa en la adaptación de Mientras ellas duermen. El relato corto de Marías lo digiere Wang como un perturbador excurso por los territorios de Lolita, La ventana indiscreta y El placer de los extraños. Me fascina su atmósfera de thriller de voyeurismo extremo, de fetichismo bárbaro. Y no quiero ni pensar en lo que hubiera hecho Brian de Palma con esta historia de malsanos cebos y juegos de rol sexuales tan bien jugados que nunca llegamos a su fondo, convertidos nosotros también en mirones aturdidos por corazones tan oscuros.

Terence Davies y Techiné

Nunca entenderé algunas decisiones de programación de festivales como Berlín. En la jornada de ayer participaban dos elefantes del cine europeo: pasaba, marginado de la sección oficial, el británico Terence Davies con un denso y nada complaciente estriptís emocional de la poeta Emily Dickinson, la irregular pero propositiva A Quiet Passion. Y por el contrario, competía por el Oso de Oro el francés André Techiné, con una antigualla titulada Quand on a 17 ans, en la que emplea dos horas para hacernos entender que las peleas de gallos de los dos adolescentes masculinos de su filme no son bullying sino el evidente deseo que ambos tienen de salir del armario y acostarse.

Techiné, tío, estos rodeos con la homosexualidad tenían un pase hace 30 años, cuando tú te regodeabas con los efebos y sus afectos de sexualidad confusa en Los juncos salvajes. Pero, hombre, la vida evoluciona y envejecer de manera tan patosa y verde hace que el autor de cine borrascoso como Les Voleurs o Ma saison préferée semeje una caricatura del gran Eloy de la Iglesia. Techiné, jubílate pero no me salpiques.

La competición cayó en picado con la impostura portuguesa Cartas da guerra, filme de Ivo Ferreira cuya estructura epistolar, a través de las declaraciones de amor de un médico en los estertores de las guerras coloniales en África, está rodada en un blanco y negro artist y falsario. Quiere parecerse al Tabú de Miguel Gomes pero no engaña ni al chófer del Pequeño Nicolás.

La cinta alemana 24 Weeks, de Anne Berrached, tiene delito: trata de hacer melodrama usando un embarazo con pronóstico de síndrome de Down. En este caso, estaba justificado tomar el pasillo y huir por la tangente.

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