Los Coen inauguran la Berlinale con un mero divertimento, «Hail, Caesar!»

El filme narra en tono paródico las peripecias de un estudio del Hollywood de los años 40


Berlín / E. La Voz

Llegaron los Coen con su película paródica del Hollywood de la edad de oro. Y con ellos, claro, George Clooney, Tilda Swinton y Josh Brolin y Channing Tatum. Es una fiesta como evento de inauguración y sold out en la sala de prensa. Como cine, Hail, Caesar! es una birria. Un argumento de desmañados enredos con varias subtramas en el marco de unos grandes estudios: que si George Clooney, émulo de Victor Mature, es secuestrado, mientras filma una de romanos y de via crucis, por una célula comunista que le echa droga en el Cola Cao. Que si Scarlett Johansson, aquí una Esther Williams poligonera, quiere ser madre de tapadillo. Que si Channing Tatum, bailarín a lo Stanley Donen, es un criptosoviético que se escapa a la URSS en un submarino potemkiniano. Y Josh Brolin es el capataz del estudio, el que trata de cuidar de sus criaturas.

Lo que pasa es que no hay en Hail, Caesar! el menor esfuerzo por compactar lo que parecen sketches desarmados en una obra que no mira más allá del gag por libre. Son brillantes, por separado, las secuencias de composición de las piscinas de Busby Berkeley, de los musicales de la Metro, con Tatum de impagable marinero en proa, o de Clooney remedando la mirada hacia la cruz de La túnica sagrada. Se agradece ver a Tilda Swinton en el rol de la legendaria víbora de Hollywood, Hedda Hopper. Y hasta celebramos la resurrección de Christopher Lambert, esa estrábica desaparición casi lobatonesca.

Pero resulta poco tolerable pensar que quienes supieron ahondar en las entrañas perturbadoras de azufre y fuego non sancto de aquella fábrica de falsos sueños hollywoodienses en su obra maestra Barton Fink, entreguen, un cuarto de siglo más tarde, una película tan perezosa, superficial e inane como es Hail, Caesar! No es que los Coen llegasen aquí anunciando de alguna forma un agotamiento creativo. Venían de ofrecer las excelentes cintas Valor de ley y A propósito de Llewyn Davies.

Capitol Records

Su nueva incursión en la Capitol Records -se mantiene aquí el nombre ficticio de la productora de la película Barton Fink (1991)- es un ejercicio de dejadez en el cual se percibe, a fogonazos, el ADN del talento de quien hay detrás. Pero Hail, Caesar! no pasa de ser una carcasa colorista del territorio Coen. Unas burbujas efímeras que funcionan fenomenalmente como negocio de apertura de una Berlinale -las carcajadas en una conferencia de prensa entregada fueron mayores que durante la proyección- pero que semejan impropias de dos autores que no nacieron para el divertimento autocomplaciente.

La otra presentación que acaparó atenciones fue la del jurado que decidirá el Oso de Oro. Claro, lo preside la gran actriz Meryl Streep y eso suena a privilegio de Cannes. Parece difícil pensar que ni el actor británico Clive Owen, ni su colega alemán Lars Eidinger, ni la actriz italiana Alba Rohrwacher, ni la directora polaca Malgorzata Szumowska, ni la fotógrafa francesa Brigitte Lacombe o el crítico británico Nick James se atrevan a rechistarle a esta dama de hierro y de seda que decidirá, sin duda, sobre el cine que comencemos a ver en concurso en la 66.ª edición de la Berlinale a partir de hoy.

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