Tras las composiciones ocultas del crítico coruñés Julio Andrade

El tenor Joaquín Pixán proyecta grabar la obra integral porque «el público merece conocer estas músicas hurtadas a la vista durante años»


REDACCIÓN / LA VOZ

Se conocieron en el 2001 alrededor de la grabación del álbum del tenor asturiano Joaquín Pixán dedicado a la poesía de Ramón Cabanillas, pero no fue hasta muchos años después, «con esa prudencia y esa reserva que lo definen», cuando el crítico musical Julio Andrade Malde (A Coruña, 1939) le mostró sus composiciones. «Había allí creaciones de gran interés», recuerda Pixán, que elogia sus partituras: «Posee un lenguaje compositivo muy personal y original, y una traducción exacta de los sentimientos líricos a la música que refleja los aspectos más sutiles de la poesía. Y muestra un inteligente tratamiento de la escritura vocal y una gran sofisticación del lenguaje pianístico».

Enseguida él y Alejandro Zabala, el pianista con quien el cantante colabora a menudo, vieron que «se trataba de una escritura musical elaborada, nada que ver con lo simple, lo dulzón». Es un corpus breve, integrado por un trío de cuerda, una revisión armónica del himno gallego para orquesta de cámara, coro y voz solista, y 13 canciones -sobre algunos textos propios y otros de autores como Xosé Díaz Xácome, Pondal, Curros o Cipriano Torre Enciso-. ¿Y cómo es esta música? «Tradicional, sí, tonal, sí; pero, ojo -advierte Pixán-, no hablamos de unas cancioncillas. A Alejandro y a mí nos quedó claro que había que grabar aquella obra, sacarla del limbo del papel; los homenajes al autor deben ser en vida».

Con su compañía, Andante Producciones Culturales, el tenor prepara el disco -que quiere acompañar de conciertos- que contendrá la obra integral de Andrade Malde porque «el público merece conocer estas músicas hurtadas a la vista durante años». Para llevar el material al estudio solo falta asegurar la financiación del proyecto; y con ese fin ya ha iniciado conversaciones con las Administraciones y algunas fundaciones gallegas.

Julio Andrade se confiesa ilusionado como un crío ante la posibilidad de ver su obra grabada: «Yo, que a mi edad -dice no sin cierta ironía-, apenas he estrenado tres o cuatro piezas». Sin embargo, lo toma «con mucha filosofía» y la naturalidad propia de quien lleva toda una existencia con el gusto por la composición -desde los 17 años, antes incluso que la crítica-, y de forma autodidacta, «como un hobby, porque las necesidades de la vida te marcaron otras prioridades».

Lo suyo «es totalmente vocacional» y nace de la gran afición a la música que había en su familia. Eso y los estudios regulares en aquel Conservatorio de A Coruña en los años 50, en Riego de Agua. Ah, y no olvida a Maruja Gaos, gran profesora que le enseñó los rudimentos, y las clases en la Escuela de Canto de Bibiana Pérez, soprano en el Teatro Real.

El mundo de hace 60 años era muy distinto, rememora, y «resultaba casi imposible estrenar una obra y muy difícil hacerse camino». ¿Y ahora? Más vale tarde...

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