«En la mezcla de la política y la música, la que perdía era la música»

Asegura que ahora es mucho más complicado abrirse un hueco que cuando él comenzó, hace 50 años


santiago / la voz

El cantante Víctor Manuel cumple medio siglo sobre los escenarios, que conmemora con la gira 50 años no es nada, y que recalará el 13 de febrero en el Palacio de Congresos, pero también acaba de publicar su autobiografía, Antes de que sea tarde.

-¿Por qué este resumen artístico y vital en estos momentos?

-No lo sé, pero me lo pidieron. La verdad es que no tenía ninguna intención de escribir unas memorias, pero al final del 2014, vinieron de la editorial Aguilar y me dijeron: «¿Por qué no escribes?». Tenía algunos archivos en el ordenador que ponían memorias descosidas, cosas que quería acordarme para que no se me olvidasen, les mandé una prueba y les gustó mucho. Después encontré el título, Antes de que sea tarde. Mi madre se había muerto de alzhéimer y pensé voy a escribirlo antes de que sea tarde.

-Cuando empezaba, ¿se imaginó estar 50 años en el escenario?

-Eso no se lo puede imaginar nadie. Lo sueñas, pero después, que tú puedas estar 50 años cantando no lo prevé nadie, y yo, menos. Yo tenía sueños muy cortos. Quería cantar un tiempo, ganar alguna perra y poner una cafetería en el pueblo. Después, te vas encontrando lo que es la profesión, el gusto por el trabajo, por las canciones... los aplausos son definitivos para convencerte de tu trabajo, porque son adictivos.

-¿Cambió mucho la música desde esos inicios?

-Inventé el vinilo y he conseguido llegar a la desmaterialización del soporte. Ha cambiado muchísimo. Antes todo era más ingenuo, no digo que más limpio. Ahora, cualquier chaval puede colgar en Internet una canción y hace medio millón de bajadas, pero eso al mismo tiempo no le supone económicamente nada, tiene que seguir yendo a su trabajo, si lo tiene. Entonces era más precario, pero había horizontes más despejados. Ahora me desespero cuando veo gente con tantísimo talento que trata de meter cabeza y es muy difícil.

-¿Sería posible un Víctor Manuel que empezase ahora?

-No en la misma forma. Te quedas en el mercado o en la cabeza de la gente por las canciones. Si tienes canciones, tienes posibilidades de hacer carrera, pero es infinitamente más complicado ahora que antes.

-Sus temas pusieron la banda sonora a una generación, ¿esta gira es para ella o también busca a otras más jóvenes?

-Se mezclan mucho. Mayoritariamente es gente de una determinada edad -no cercana a la mía, porque la gente de mi edad ya sale poco de casa-, pero vas tirando hacia abajo y encuentras gente de mediana edad y jóvenes. La gente de mediana edad es aquella a la que sus padres le ponían el casete cuando se iban de viaje en el coche. Creo que por encima de las generaciones, hay algo intergeneracional, transversal que afecta a todos. Te enamoras como un burro, ahora mismo o hace 20 o 40 años; o sientes la pulsión reivindicativa y da igual la edad que tengas. Aunque cada generación tiene sus canciones y sus músicos, puedes llegar a interesarle a gente muy alejada de tu edad y de tus parámetros existenciales.

-Canciones de amor y de reivindicación, ¿con cuáles se siente más cómodo e identificado?

-Lo que de verdad tiene éxito son las canciones de amor. De repente, alguna canción reivindicativa se queda ahí, se instala en el corazón de la gente, pero las que te hacen ser lo que eres son las canciones de amor. Aparte de canciones de amor, he hecho otras como El abuelo Víctor, que habla de cosas que entonces no estaban en las canciones, como los trabajadores

-¿Tiene alguna canción fetiche? ¿Cuáles nunca pueden faltar?

-Siempre tengo que cantar Solo pienso en ti, Soy un corazón tendido al sol, Ay amor, Asturias... Pero la canción que más alegrías me ha dado fue Solo pienso en ti, porque significó para mi un momento de inflexión, porque venía de un desierto muy largo, y esa canción me abrió de nuevo a la industria de la música, a la popularidad... Hacía diez años de los primeros éxitos, era el 79. Todo eso después de un período muy político, de la mezcla de la política y la música, y la que perdía era la música, casi siempre. Esa canción también fue darle visibilidad a la discapacidad.

-¿Borraría para siempre alguna canción de estos 50 años?

-Hay un 10 % de canciones que he hecho que están bien, las demás podría haber prescindido de ellas.

-En «Yo nací en el 53» alude a que algún listo nunca saltó sin red, ¿cuántas veces saltó sin red Víctor Manuel?

-Muchas veces. Cuando era muy joven, porque tenía un punto de inconsciencia, y cuando fui creciendo, porque me parecía que había que hacerlo, que merecía la pena, por qué no iba a contribuir yo con mi hombro a que las cosas cambiasen, aunque después te pegaras un tortazo impresionante o problemas serios. Yo nunca he pensado que tendría problemas serios.

-¿Lo sigue haciendo?

-Sí, pero menos, porque las circunstancias lo propician menos. Entonces había más espontaneidad y ahora hay más cálculo en todo y en todos.

-¿Falta ahora ese compromiso social de su generación?

-Creo que existe. Hay un tipo de música que es imposible que suene en la radio; entonces, puede haber un montón de gente que puede tener buena intención y hacer canciones de ese tipo, pero no hay quien se las pueda programar. Así, se cuelan canciones, pero es en ámbitos muy minoritarios, finales de manifestaciones...

-¿Qué es más difícil escribir, un libro o las canciones?

-Una canción es dificilísimo. Tienes que explicar algo en 3 o 4 minutos, que sea entendible y, al mismo tiempo, emotivo. En un libro, tienes mucho más tiempo para pensar, aunque me ha costado más escribir el libro.

-Siempre fue una persona comprometida, ¿qué letra le pondría a la situación actual de España?

-[Ríe]. Como título le pondría España camisa blanca de mi esperanza, que la escribí hace años. De alguna manera refleja un poco lo que somos, eso que tenemos de peregrinos a ningún lugar.

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