Alfredo Aracil: «Artistas y científicos compartimos una actividad esforzada, casi heroica»

El compositor asume que la clásica nunca será un espectáculo de mayorías


Santiago / la voz

Alfredo Aracil (Madrid, 1954) decidió tomarse la vida con calma. Marcarse él los tiempos. Pero, con un estreno entre manos, el té lo toma tibio, con un cubito de hielo, para no perder el tiempo soplando a una taza humeante. «Para que las cosas salgan bien y parezca que no se han preparado hay que dedicarles tiempo», explica el premio Nacional de Música 2015. Esta noche trae a Santiago Siempre/Todavía -«mi primera obra no premiada», dice con una sonrisa-, una ópera sin voces creada junto al artista Alberto Corazón y producida por el Museo de la Universidad de Navarra, el Centro Nacional de Difusión Musical y Meta/cción.

-Este mismo año le dieron el Premio Nacional de Música en la categoría de composición, tras 40 años dedicados a la profesión, ¿se lo esperaba?

-La verdad es que no. Tenía la sensación de que dedicándome en cuerpo y alma a la música, no de una manera silenciosa, pero sí tomándome mi tiempo sobre las ideas y componiendo solo las cosas que me interesan, estaba fuera de los circuitos para todo. Para lo bueno, que es poder trabajar a mi aire, asumiendo el coste de hacer menos obras y estrenos, pero también para lo malo, que es estar un poco olvidado o apartado. Por eso la sorpresa ha sido mayúscula y me he tomado este reconocimiento como una llamada de atención, un: ¡ojo, que no nos olvidamos de ti, así que sigue haciendo cosas que nos interesen!

-Se deduce que no llegó a plantearse renunciar al premio, como hizo el año pasado Jordi Savall.

-No me lo planteé en ningún momento, porque creo que el Premio Nacional no lo concede un ministro o un Gobierno en concreto, sino un grupo de profesionales reunidos en torno a una mesa y que tienen el mismo valor gobierne quien gobierne.

-Decía María José Montiel, premiada este año en la categoría de interpretación, que en España no se valora la música de aquí como se debería, ¿piensa lo mismo?

-Creo que en España no se valora la música en general como se debería, y eso incluye la nacional y la no nacional. Quizás en el mundo de la ópera y en el teatro lírico existe un cierto papanatismo, entendido por la fascinación por lo extranjero. En la música de concierto no he notado que se valore menos la nacional que la internacional, pero sí pienso que hay poco interés por la música, al igual que por la poesía, o probablemente también por la física cuántica.

-No es algo, entonces, que afecte solo al mundo de las artes...

-Pienso que no. Somos un país con unos artistas realmente valiosos, igual que hay científicos valiosos. Unos y otros compartimos una actividad esforzada, privada y casi heroica. Lamento que en España, teniendo el nivel que tenemos, no haya un nivel general de interés en las distintas capas sociales: desde los aficionados, a los medios de comunicación, pasando por los patrocinadores... En el caso de la música puede ser incluso más difícil, porque es un arte cuyo disfrute te obliga a invertir el tiempo que el compositor y el intérprete han decidido. No es como un cuadro, al que le puedes dedicar uno o veinte minutos. Esta época del zapping, de las prisas y del clip de Twitter supone una dificultad extra para ser mayoritarios. De hecho, creo que no lo seremos nunca y lo mejor es relajarse y asumirlo sin frustrarse.

-Pero defiende un mayor apoyo público a la clásica, sin aspirar a competir con la música comercial.

-No es nuestra guerra competir con la música comercial. Sería un ejercicio de travestismo muy raro. Tenemos que ofrecernos como lo que somos, como algo que no es necesariamente sencillo y divertido, sino como una forma de poesía sonora que va al margen de las grandes multitudes. No se puede pretender que la clásica, entendida en toda su amplitud, viva de sus propios recursos como la música comercial. Necesita de ayudas públicas, como la sanidad, el Ejército o el Museo del Prado. Si lo asumimos en estos casos, ¿por qué no con la clásica?

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