Descubriendo a la pintora gerundense Remedios Varo, figura del surrealismo

Atalanta publica el volumen «Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo», que rescata el libro que Artes de México publicó en el 2008


Redacción / La Voz

La memoria es maquinaria débil, lo que favorece injustos olvidos como el de la pintora Remedios Varo (nacida María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga; Anglés, Gerona, 1908-Ciudad de México, 1963), a la que no ayudó en España que ella hubiese muerto en su exilio mexicano -en el que se había instalado en 1941 tras no soportar la ocupación nazi de París; allí había llegado huyendo de la Guerra Civil-. Es una de las más grandes figuras femeninas del surrealismo, a la altura de Leonora Carrington o Maruja Mallo, y en América Latina, EE.UU. o Japón su obra goza de un enorme prestigio. A pesar de que la escritora cubana Zoe Valdés le dedicó una novela, Televisión Española realizó un bonito documental y Madonna hizo referencias a la artista en varios de sus espectáculos visuales, por estos pagos sigue siendo una desconocida. Pues bien, ahora el sello -también gerundense- Atalanta pone una piedra angular decisiva en ese edificio que debe ser el conocimiento con la edición del bello volumen Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo, que rescata el libro que Artes de México publicó en el 2008 y que incluye, además de exquisitas reproducciones de las pinturas de Varo, un ramillete de ensayos de algunos de los más reputados expertos en su obra. Y que exploran, entre otras líneas de estudio, la relación de la creadora con el universo del líder espiritual y maestro místico ruso-armenio George Ivanovich Gurdjieff.

Óscar Domínguez, André Breton, César Moro, Roberto Matta, Benjamin Péret -con quien estuvo casada- o Max Ernst formaron parte de su círculo, pero los vínculos, de algún modo, terminan ahí. Porque la obra de Varo es personalísima, está llena de misterio, de delirio, de literatura: lo onírico, la magia y el simbolismo reinan pese a la precisión de sus paisajes, geometrías y estructuras arquitectónicas. Decía Octavio Paz algo así como que Varo «no pinta el tiempo sino la fantasía contra el furor en que el tiempo reposa».

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