«Ya tengo una historia para Galicia y ya sé dónde se va a ubicar»

La narradora gallega María Oruña debuta en la novela negra con «Puerto escondido», que se ambienta en su tierra paterna, Cantabria

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SANTANDER / E. La VOZ

Un cadáver que aparece, un británico que hereda una casa y la historia de dos hermanas sirven para trenzar el tejido negro de Puerto escondido, segunda novela de la gallega María Oruña (Vigo, 1976) y uno de los lanzamientos del año del sello Destino. Aún no se sabe si la jugada traerá el éxito o no, pero lo que se ve y se lee es un relato negro, con mezcla de géneros y vocación de best seller, en el que queda claro que la autora no da puntada sin hilo ni en la vida ni en la ficción, como lo demuestra la parte final en la que se recuenta la historia como toque de atención para que nadie se despiste.

Oruña ha optado por tirar por su tierra paterna, Cantabria, para localizar de manera minuciosa toda la trama. Y lo cierto es que es una apuesta de tanta belleza geográfica, Suances y sus playas, Santillana del Mar, acantilados y demás, que se convierte en una buena guía literaria que lleva a pensar que Puerto escondido también servirá para promocionar las excelencias santanderinas. Ella lo corrobora como habitual de la zona en veranos y estancias familiares de las que imprimen carácter. Y Puerto escondido, como artefacto literario, es de esos libros que se lee atraído por lo que va a contar después. Técnica de intriga, habilidad de la autora, personajes que retratan mucho de lo que la vida es tanto de ilusión como de desencanto, y una trama que lo asocia al thriller, aunque en este caso con Guerra Civil. Historias pasionales de señoritos y sirvientas, familias y sus silencios y el mar Cantábrico como telón de fondo, como ese faro de Suances que ilumina línea a línea lo que escribe María Oruña.

-En una novela con tanta presencia geográfica, que usted acentúa con precisión... Como gallega, permita el humor: ¿No tenía bastante con Galicia?

-Es una historia que surge allí, además de que mi abuela tenga un apartamento en Suances, mi origen de Cantabria y demás. Surge allí y gran parte de la historia me la cuentan gentes de allí. Además, hay otra cosa: el paisaje no es un personaje, como oigo tanto. El paisaje forma parte de los personajes. Pero tiene razón: falta Galicia. Y aunque no haya escrito nada aún, ya tengo una historia para Galicia y ya sé dónde se va a ubicar y cómo va a tener influjo en los personajes.

-Al margen de localismos, y pese a que es una novela del Norte, que hay señas de identidad tanto históricas como sociológicas que son puro Norte, habría que decir por el bien de la novela que es universal, que un andaluz puede leerla y disfrutarla, encontrar puntos de unión. Y alguien de fuera de España, también...

-Sí, es cierto, es una novela del Norte y que aborda temas universales dentro de una trama que incluso parte de un suceso real. Sobre los personajes, sean de donde sean, lo que creo que es importante es saber y analizar por qué traspasaron un límite, que aparentemente no lo iban a hacer.

-En cuanto a esa relación entre indianos que han prosperado y los de su generación que se quedaron y componen la clase baja de la posguerra, ¿le interesaba abundar en cómo el pasado o sus decisiones condicionan lo que luego llega después?

-Creo que sería demasiado demagógico hacer una historia de buenos y malos. Hay malos y buenos en todos los lados.

-La idea de dualidad está muy presente. Hasta en la forma de presentar esos capítulos que alternan tiempo presente y pasado, y voces, y que contribuyen a ofrecer una historia y personajes nada planos. ¿Le requirió mucho trabajo esta escritura?

-Hablé con mucha gente. Esa gente mayor que me sentaba y me contaba historias que me apasionaban... es fundamental. Yo estaba escribiendo todo el rato para no olvidarme, porque me parece importante rescatar la memoria histórica viva que aún mantienen las personas mayores. Hay mezcla de géneros. Y me gusta mucho la historia, más allá de ser abogada. Puerto escondido va del traspaso de límites. Qué ocurre cuando traspasas una situación extrema. Es algo que lo estamos viendo todo los días. Y en la novela está presente la Guerra Civil, pero desde el punto de vista de qué ocurrió en Cantabria, en donde la guerra duró mucho menos.

-¿Usted también tiene esa dos caras y ese puerto escondido?

-El puerto escondido es un refugio, pero es el que también descubre esa otra realidad. Y yo, si soy escritora y abogada, tengo que tener esas dos caras, pero no al 50?%. Es más complejo. Como abogada sí puedo ser fría, decidida, ir a trabajar con mis tacones...

-Esa inspectora de la novela sería su álter ego...

-No. Me interesa, eso sí, entrar en ese apartado de ser mujer y mantener el rol y poder sobreponerse al mundo hostil.

-Para usted sería interesante escribir sobre una zona que ama, y novelar, pero también indagar sobre la vida de esos lugares.

-Soy curiosa, pero no cotilla. Y había lugares, o casas, que me llevaban a preguntas. Cuando a mi abuela le dije que en la playa de Santa Justa había tenido algo así como mal rollo y que si había pasado algo, ella me dijo: «No, como no sea el famoso crimen...». Empecé a tener datos que me daban de sobra para especular y crear una historia.

-¿Tenía clara como una de las virtudes de la novela la intriga que hace que cada capítulo cree expectación sobre el siguiente y que sea una historia encadenada?

-Sí, y la gente que la ha leído me lo dice. No quería que fuera una típica novela negra, sino que enganchara a través de la historia y los personajes.

-Ya tiene prevista una segunda parte, y también en Cantabria...

-Sí, pero no será en los mismos escenarios. Me encanta viajar, pero esta vez será en Cantabria. Eso sí, cuando viajo, siempre me digo a mí misma, sobre todo por la comida: cómo me gusta Galicia.

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