La tertulia que no descansa


Por segundo verano consecutivo Zapeando, la tertulia que en la sobremesa disecciona con humor la televisión, no se ha ido de vacaciones, en una estrategia aislada dentro de La Sexta (y, en general, de todas las cadenas) pero efectiva. El programa ha logrado mantener unos índices respetables de audiencia, siendo uno de los espacios que más ha ayudado a paliar el bajón estival de la emisora verde.

El formato que, tras unos inicios dubitativos y discretos, se ha reinventado y consolidado en audiencia (superó en julio los 400 programas), podía permitirse este año descansar. Sin embargo ha optado por una emisión continuada a la que no le ha pesado demasiado (es innegable que algo sí) ni la falta de programación de la que nutrirse en verano ni el respiro que se han tomado sus rostros habituales, incluso su eterno presentador. Más material propio, de chispa desigual, y nuevos colaboradores que también caen en gracia y dan resultado en pantalla (la propia rotación de caras ha servido para rellenar minutos) refrescan el atractivo espacio que tiene en un lúcido guion, con el que logra una risa sana, y en un buen manejo de Twitter sus grandes aciertos.

Zapeando se asegura, sin su retiro estival, que el público, ya cómplice, se acostumbre a buscarlo siempre en pantalla y, de forma paradójica, no tenga necesidad de zapear.

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