Keko: «No me gustan las exposiciones de cómic, anulan su función natural»

El autor participa estos días en A Coruña en Viñetas desde o Atlántico


A Coruña / Radio Voz

José Antonio Godoy, más conocido como Keko, parece dibujado por sí mismo. Sus gruesas gafas de pasta, pelo engominado y una aparente tranquilidad de la que solo disfruta el que se sabe respetado lo convierten en un personaje salido de su lápiz. Visita el salón del cómic de A Coruña, Viñetas desde o Atlántico, con una novela gráfica con guion de Antonio Altarriba, Yo, Asesino, que ha recibido infinidad de premios allá donde se ha editado. Encantado de disfrutar en la ciudad herculina «de un clima que te permite vivir, no como en Madrid», Keko se muestra escéptico ante la oportunidad de colgar sus originales en las paredes del Kiosco Alfonso.

-Dice que exponer una página de un cómic es como «contemplar un carburador enmarcado en una exposición de automóviles».

-Es que uno siempre ha visto los tebeos en libro, una página tras otra. No me gusta verlo colgado de una pared, anula su función natural, la narración. Tengo dudas sobre por qué le gusta a la gente ver exposiciones de cómic como si fueran cuadros. Yo he intentado traer unas páginas que juntas conservan en cierto modo su función narrativa.

-«Yo, Asesino» les está dando muchas alegrías. Se dice que parten como favoritos para el Premio Nacional de Cómic.

-Nos han dado muchos premios y parece que está gustando mucho, pero yo ya he estado en tantas listas y rumores que al final no fueron ciertos que prefiero no decir nada. Si viene, encantado de recibirlo.

-¿Cómo fue el origen de este cómic? Es imposible imaginarlo dibujado por nadie más que usted.

-Pues eso es lo que dijo Altarriba. Me llamó y me preguntó si estaba libre, que tenía una historia que solo la veía dibujada por mí. Le dije que podían dibujarla muchos otros, pero a medida que íbamos trabajando en ella fui viendo que, en efecto, era el sastre perfecto para este traje.

-Al protagonista, un asesino en serie, lo dibuja exacto a Altarriba. Es su vivo retrato. ¿No le dio esto grima al guionista?

-En absoluto, le gustó. Al principio era como una broma, cuando estábamos definiendo los personajes le mandé a Altarriba un boceto del protagonista con su cara. Fue lo primero que me salió, quizá porque en la historia hay muchos elementos autobiográficos, aunque no todos, claro. Pensé que me diría que le mandase un boceto en serio, pero no. Se sorprendió y dijo que le encantaba la idea.

-El libro es muy duro tanto en su historia como en el dibujo, que en cierto modo rompe con lo que venía haciendo hasta ahora.

-Pensamos en un tratamiento gráfico que fuera acompañando al protagonista en sus estados de ánimo. Son atmósferas densas y opresivas, donde las sombras son muy importantes, que terminan siendo un personaje más de la historia. Además tiene una labor de documentación enorme y eso sí que significó un reto para mí, porque siempre me había movido en tiempos y escenarios indefinidos y, en esta ocasión, eran escenarios reales, ciudades concretas de Europa, y en el tiempo actual.

-Destaca el uso del rojo para destacar ciertos detalles de la historia.

-Al principio íbamos a hacerlo en blanco y negro puro, pero el editor, asustado ante tanta oscuridad, sugirió que lo alegráramos un poco con un bitono. Pensamos que limitarnos al rojo de la sangre sería muy plástico, pero demasiado obvio. Así que terminamos usándolo con un sentido más narrativo, no decorativo.

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