De la ópera a la sesión vermú

Carla Romalde alterna las arias con las cumbias para ganarse la vida


Los veranos gallegos están definidos por un elemento invariable. No, no es el calor que va y viene a su antojo, son las orquestas. Con la llegada de la época estival, la música se traslada a las plazas de los pueblos. Los últimos éxitos cambian de dueño. El Nuevo vicio de Paulina Rubio pasa a serlo de otras muchas voces que esconden identidades cargadas de historias.

Una cantante de ópera interpretando el reguetón más actual bien podría ser el argumento de una película de Paul Feig. Con todo, es un hecho real. Carla Romalde, graduada en Magisterio y estudiante de canto en el Conservatorio de A Coruña, es la intrépida que se ha lanzado a la aventura. Con años de experiencia como soprano de coloratura y sendos recitales a sus espaldas, hace un tiempo se decidió a probar suerte en otros escenarios.

Primero fueron las bodas, donde no le ha ido mal del todo. Ahora se ha propuesto dar un paso más y dominar otro campo, el de las fiestas. Pero, ¿qué lleva a una cantante lírica a cambiar las arias por las cumbias? Carla Romalde lo tiene muy claro: «En Galicia las orquestas son un reclamo. Gozan de un gran apoyo por parte del público, por eso son una fantástica plataforma para promocionarse y, por qué no, para ganarte la vida». Así y todo, comenta que la transición no ha sido del todo sencilla, pues «ambas disciplinas distan mucho la una de la otra. La técnica y los registros son diferentes. No obstante, la exigencia es la misma». Entre risas, nos aclara que uno de los obstáculos con los que se topó al unirse a Alarma Band, su grupo, fue aprenderse los pasos de baile en tiempo récord. Continúa apostillando que «otra de las complicaciones fue adaptarse a un conjunto integrado por varias personas. En un concierto lírico somos dos, por lo que encontrar buena sintonía es mucho más sencillo y rápido». Del mismo modo, subraya que el día a día en una orquesta «es apoteósico, pero el calor del público lo sana todo». En referencia a los temas indica: «No se me caen los anillos por entonar canciones que se alejan de mi zona de confort, al fin y al cabo los cantantes queremos cantar». Si bien, entre sus preferencias destaca: «De ópera, Oh quante volte, de Romeo y Julieta. Y del repertorio verbenero, Chandelier, de Sia».

A la pregunta de si es posible fusionar géneros, responde que «es totalmente viable», y confiesa que en su día versionó «temas populares gallegos». Ahora bien, ella está segura: «Es necesario educar el oído para saber apreciar todo tipo de música». Entre bromas, nos desvela su objetivo: «Algún día llevaré la ópera a los pueblos más remotos». Un propósito admirable que pronostica un futuro repleto de éxitos para una joven soprano que compagina la lírica con la verbena.

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