El móvil que más enciende


Es un debate recurrente entre los amantes de la música en directo, un incordio que, a cada verano que pasa, se agrava. Hoy en día es habitual acudir a una actuación (el concierto de Mark Knopfler en Santiago sirve de ejemplo) y rodearse de personas más pendientes de capturar con su móvil los grandes éxitos del artista, y dejar testimonio de la supuesta vivencia en las redes sociales, que en disfrutar del propio repertorio. Una elección respetable -aunque en caso de abuso pueda llegar a resultar incomprensible-, pero con claros inconvenientes tanto para el autor (desiste, por ejemplo, de aplaudir) como para el que está detrás. Dependiendo de lo alto que se eleve el dispositivo y de lo bajo que sea el acompañante, se le obligará a seguir el concierto en la pantalla del vecino.

Cada vez son más los grupos que elevan la voz en contra de este uso desmedido del móvil, que ilumina las pistas y enciende los ánimos. Los músicos reclaman volver a la esencia de los conciertos, una petición lógica. Hay quien va más allá y llega a prohibirlos, una medida extrema e incomprensible en esta era digital, sobre todo teniendo en cuenta lo extendido y, para muchos, aceptado del molesto hábito. Entremedias crecen opciones alternativas, como la de espectáculos sin cobertura, que nacen con un fin: demostrar que, para algunos, así se disfruta más.

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