Cuando Sancho fue más que el escudero de Don Quijote

Linteo publica una edición ilustrada de los capítulos con Panza de protagonista

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Redacción / La Voz

Sancho Panza, fiel escudero -y contrapunto- de Don Quijote, asume el protagonismo narrativo en la genial novela de Miguel de Cervantes cuando es nombrado gobernador de la ínsula Barataria. En esta parte, el escritor relata en capítulos alternos lo que le ocurre a sus dos protagonistas al tomar caminos separados. Son los episodios dedicados al escudero -los 45, 47, 49, 51 y 53- los que dan forma al libro que acaba de publicar el sello ourensano Linteo, Sancho Panza, gobernador de Barataria, minuciosamente ilustrado por Ramón Pérez Carrió y un informativo prólogo a cargo del editor, Manuel Ramos.

Con esta edición Linteo se suma a las celebraciones del cuarto centenario de la segunda parte del Quijote, como ya hiciera en el 2005 con la efeméride correspondiente a la primera. Entonces dio a la imprenta una versión de bibliófilo de doscientos ejemplares, con 28 grabados y 20 láminas a cargo también de Pérez Carrió, una edición en dos tomos con ilustraciones de los siglos XVIII y XIX -además de una de Chema Madoz- y los seis capítulos de apertura de la novela, titulada El pequeño Quijote y conocida entre los lectores como la «joyita», por ser una gema y de paginación breve. Una agenda y la publicación del estudio Cervantes, compañero eterno, de Santiago Montero, con prólogo de Xesús Alonso Montero, redondearon la celebración.

Esta reunión de cinco capítulos en torno a Sancho sigue el mismo formato que aquel El primer Quijote. En esta ocasión Pérez Carrió se ha valido de una estética próxima a la Edad Media y al Quattrocento para recrear los avatares del escudero cuando debe administrar el poder. A estas estampas se unen los dibujos de las guardas, concebidas a modo de mapa de Barataria, y completadas con un retrato de Cervantes y de Denia, la primera ciudad española que avistó a su regreso del cautiverio de Argel. Mención especial merecen también las capitulares con las que se inicia cada capítulo, y que constituyen una especie de flashback alegórico de lo que hasta ese momento ha sido la narración.

Las ilustraciones buscan ser, según su autor, «una serie de retablos complementarios que individualmente componen una historia o anécdota y en conjunto colman el templo que alberga la leyenda dorada de esta breve e intensa vivencia de Sancho Panza». Desde el punto de vista de la composición, «los planos imposibles o aberraciones de la perspectiva permiten solapar distintos discursos narrativos sin incurrir en paradojas temporales o espaciales», afirma el creador de las ilustraciones.

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