«Los crímenes de guerra de los estadounidenses se han ocultado»

El historiador británico Antony Beevor relata la batalla de las Ardenas, «la más brutal del frente occidental»


madrid / la voz

«Fue la batalla más cruel y brutal del frente occidental, con unas condiciones meteorológicas infernales y combates atroces». Así se refiere Antony Beevor (Londres, 1946) a la batalla de las Ardenas, el último intento de Adolf Hitler de cambiar el signo de la guerra, que costó 80.000 bajas a cada bando. El historiador británico, autor de Stalingrado, Berlín. La caída, 1945, El día D o La Segunda Guerra Mundial, lo relata con su rigor y agilidad narrativa características en Ardenas 1944 (Crítica).

-¿Tenía alguna posibilidad Hitler de ganar en las Ardenas?

-No, incluso todos los generales de Hitler decían que era imposible. Aunque los alemanes hubieran conseguido atravesar el río Mosa y llegar hasta Bruselas y Amberes, no tenían ni el combustible ni la fuerza para mantener el pasillo abierto. De modo que el plan de bloquear a los británicos y los canadienses y provocar una evacuación como en Dunkerque era simplemente una fantasía de Hitler en un mapa.

-¿Por qué lanzó la ofensiva?

-Era o bien lanzar esa ofensiva o aceptar que la guerra estaba perdida y Hitler no podía aceptarlo porque sabía cuál sería su destino, suicidarse o ser capturado por los rusos y llevado a Moscú en una jaula, que era lo que más le aterrorizaba.

-¿Cuándo ideó ese plan?

-A principios septiembre, cuando estaba enfermo en la Guarida del Lobo. Mandó llamar al general Jodl, le contó su gran sueño y le ordenó que lo planeara. El 16 de diciembre lo anunció a sus generales, que estaban aterrorizados, sobre todo Gudarian. Pero no pudieron convencerle de que cambiara de opinión.

-¿Era Hitler tan mal jefe militar como se ha dicho?

-Sí, por eso los británicos cancelaron todos sus planes para asesinarlo. La operación Foxley de 1944 se canceló porque se dieron cuenta de que ganarían la guerra mucho más rápidamente si estaba Hitler al mando del ejército.

-El historiador sueco Christer Bergström, autor de un libro recientemente publicado sobre la batalla de las Ardenas, dice que hay que replantearse que fuera un mal jefe militar y que su plan fue brillante.

-Es ridículo. Todos los generales alemanes dijeron que era una locura, sabían que no había manera de que ganaran.

-¿Por qué el ataque pilló a los aliados desprevenidos?

-La inteligencia aliada cometió un error enorme, que fue buscar solo las cosas que asumían que iban a ocurrir en cualquier caso. Por eso fallaron a la hora de evaluar muchos detalles individuales que sugerían que los alemanes estaban planeando un ataque en el frente occidental. Y también porque confiaban demasiado en la interceptación de los mensajes de radio alemanes. Pero estos lograron imponer el silencio absoluto en la radio. Esto debería haber sido otro aviso para los aliados.

-Usted relata que los estadounidenses también cometieron crímenes de guerra.

-Sí, porque fusilar a prisioneros es un crimen de guerra, es trágico, pero en todas las guerras sucede. Las ejecuciones sumarias de prisioneros americanos en Malmédy por parte de las SS son conocidas, pero la matanza como venganza de unos 60 prisioneros alemanes en Chenogne ha sido silenciada en Estados Unidos. Lo alarmante es que generales como Bradley o Simpson lo alentaron.

-Cita una frase del diario del general Patton en la que reconoce esos fusilamientos y señala que esperaba que pudieran ocultarlo.

-Exactamente, y me temo que lo han ocultado, porque ningún historiador estadounidense ha escrito sobre ello, a pesar de que estaba en el diario de Patton.

-La historiadora alemana Miriam Gebhardt sostiene en un reciente libro que los aliados violaron a un millón de mujeres y niñas alemanas, casi 200.000 por parte de los estadounidenses.

-Su metodología no es creíble. Por supuesto que hubo muchos casos de violación y hay una zona gris, como estamos viendo en África con las tropas de la ONU, que dan comida a mujeres que están muertas de hambre a cambio de sexo, que es muy similar a lo que pasó en Alemania. La cifra máxima de violaciones perpetradas por los americanos es de 11.000.

-Hitler no quiso admitir que había perdido la batalla.

-Lo que uno ve con Hitler es que cuando fracasa y no logra la victoria que decía que iba a conseguir cambia de objetivo. Por ejemplo, en 1942, cuando quería capturar los campos de petróleo en el Cáucaso y fracasa, cambia el plan para atacar Stalingrado, que hasta ese momento no había sido un objetivo. En las Ardenas, cuando fracasó en su objetivo de atravesar el río Mosa, Bastogne se convirtió en la nueva definición de la victoria, pero ni siquiera lo consiguieron. Cuando perdía se fijaba otro objetivo, nunca admitía que había fracasado.

-Las relaciones entre los jefes militares aliados, Eisenhower, Bradley y Montgomery, fueron muy tensas.

-Sí. Esto tenía su origen en Normandía. En parte fue culpa de la arrogancia de Montgomery, de quien sugiero que padecía el síndrome de Asperger, que era incapaz de ver cómo los demás reaccionaban ante él. Estaba convencido de que Bradley lo admiraba, cuando en realidad lo odiaba. Bradley estaba avergonzado y enfadado de que el ataque alemán le hubiera pillado desprevenido. Luego, cuando Eisenhower cede a Montgomery el mando de sus ejércitos, se vuelve paranoico.

«Sin la batalla de las Ardenas los americanos habrían llegado antes que los rusos a Berlín»

Antony Beevor considera que si Adolf Hitler no hubiera lanzado la ofensiva de las Ardenas la guerra se podría haber alargado y «los norteamericanos habrían llegado a Berlín antes que los rusos». «En la celebración del 70 aniversario del final de la guerra Putin vino a decir que los soviéticos habían ganado la guerra ellos solos», señala el historiador británico.

-Pero su contribución fue muy importante. ¿Cree que se ha infravalorado?

-En cierto sentido no exagera, porque es verdad que el Ejército Rojo mató a más del 80 % de la Wehrmacht en el frente oriental. Pero, por otro lado, ni Putin ni Stalin, ni los historiadores rusos de hoy en día aceptarán que los americanos destruyeron en las Ardenas la última oportunidad de defenderse de los alemanes.

-¿Qué importancia tuvo que los rusos llegaran antes a Berlín?

-Para Stalin fue muy importante porque sabía por sus espías que EE.UU. estaba cerca de fabricar la bomba atómica y él necesitaba el uranio que había en Dalen, cerca de Berlín, para fabricar la suya.

-¿Cuál fue el momento clave de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial?

-Hay varios puntos cruciales. Solo hubo un momento en el que Hitler pudo haber ganado la guerra, a finales de mayo de 1940, cuando Churchill se negó a negociar. El otro punto de inflexión fue cuando Hitler fracasó en su intento de aplastar a los rusos en Moscú y luego los americanos entraron en la guerra. Desde ahí en adelante no podía ganarla. Pero el punto psicológico de inflexión fue Stalingrado, porque quedó claro en todo el mundo que los alemanes perderían la guerra.

-Cree que es un grave error analizar los acontecimientos de hoy comparándolos con aquella guerra.

-Con esos paralelismos se cometen grandes errores. La forma de hacer la guerra ha cambiado y también el orden mundial, ya no estamos divididos entre el fascismo y el comunismo. Sí, existe el nacionalismo ruso, que puede ser el sucesor del comunismo, pero no se puede decir, por ejemplo, que Vladimir Putin sea un nuevo Stalin o un nuevo Hitler. El único paralelismo válido es psicológico. Putin, como Hitler, siente que la humillación de su país, en su caso con la desaparición de la Unión Soviética en 1990 y en el del Führer el Tratado de Versalles, justifica recuperar los territorios perdidos.

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