AC/DC, larga vida al rock and roll

ISABEL BERNAL

CULTURA

Emilio Naranjo | EFE

Madrid se convirtió en «la ciudad del pecado» durante unos días al acoger dos de los tres conciertos que la banda australiana ofreció en España

05 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Madrid se convirtió en «la ciudad del pecado» durante unos días al acoger dos de los tres conciertos que AC/DC ofreció en España, después del celebrado en el estadio olímpico de Barcelona el pasado viernes. Había creadas muchas expectativas ante el no hay billetes colgado en tiempo récord en toda su gira europea. El día 2, las puertas del Calderón se abrieron temprano, liberando un tanto al público de la asfixia de una cola al sol a más de 30 grados de temperatura. Los teloneros, Vintage Trouble, supieron preparar el ambiente con un sonido efectivo que fusiona blues, soul, funk y rock, aunque lejos de la energía roquera que precisaba la velada. Pasadas las diez llegaba el plato fuerte. Con un derroche de amplificación, luces y efectos con las pantallas a la altura de los mejores shows en el campo visual y sónico, los miles de personas que abarrotaban el estadio -cuernos brillando en la oscuridad- aportaban el resto de magia precisa para la noche AC/DC. Rock or Bust, que da título a su último álbum, abría la cita, seguido de un buen puñado de grandes éxitos como Shoot To Thrill, Hell Ain?t A Bad Place To Be, Back in Black, que a estas alturas mutaban ya al público en demonios desatados, que coreaban y saltaban al ritmo de la mítica banda australiana. Siguieron repasando su último trabajo con Play Ball y Baptism By Fire, y de ahí a sus grandes himnos, con sus sempiternos y apocalípticos finales que no defraudan: Highway To Hell y For Those About to Rock, con despliegue de cañones y fuegos artificiales incluido, hasta completar dos horas de auténtico rock and roll, y un despilfarro de watios de potencia y magia visual al alcance de pocos. Pese a los rumores que hablan del inminente final de AC/DC, la evidencia de la más diversa movilización de generaciones de fans y su eficacia sobre el escenario hacen augurar larga vida al grupo, pese el cambio de baterista o la enfermedad de Malcolm Young. Ojalá.