Cannes / E. La Voz

El papel de la película de inauguración se reserva en Cannes para una pompa de jabón lustrosa, de las que reparte mucho juego y carne en la alfombra roja. Este año tenían oportunidades como la de Irrational Man, con la cual hubieran podido reunir a dos perros verdes tan divergentes como Woody Allen y Joaquin Phoenix. Qué bizarra pareja. Pero no. Han optado por una minúscula cinta francesa, La cabeza alta, que trae a una Catherine Deneuve que debe de haber pisado esa red carpet hacia el Lumière más veces que el pasillo de su dúplex hacia la nevera de los quesos. Eso sí, en una edición que pinta chauvinista, el filme de Emmanuelle Bercot es un declarado canto a los valores republicanos galos, encarnados en una juez de menores que es, claro, Deneuve. Ella verbaliza los ideales de reinserción social que pegan contra el muro de un adolescente violento, con un perfil de indefinida psicopatía. El chico no solo da la lata a la Deneuve. También a nosotros, en la butaca, nos carga mucho la barrila. Encuentro tramposo este elogio del buen funcionamiento del sistema judicial francés, en el país de las banlieues inflamadas. Y aunque su buenismo no me llega a irritar, hay algo de inane en su tentativa de tocar teclas a lo Dardenne, pero con recursos hiperdramáticos. En su empeño, no llega ni a Loach.

La primera cinta a concurso, Nuestra hermana pequeña, es un paso adelante en la deriva del japonés Kore-Eda hacia el merengue. Se centra en cuatro hermanitas, una de ellas hermanastra recién incorporada. Debaten temas existenciales como a qué edad se hicieron la primera pedicura, las recetas para el curry de pescado, la moda de los kimonos de verano o el buen rollo de los cerezos en flor. Todo ello con enfatismo melódico ad hoc. Se pasan las dos horas comiendo, pero no por filmar muchos japoneses jalando se llega más rápido a ser Ozu. A los kore-edianos les parece sublime. Yo creo que se queda en cursi y, a ratitos, elegante. Si el jurado lo presidiese Spielberg, esta versión de Mujercitas podría ganar algo (así pasó hace dos años). Con gente dura como los Coen o Guillermo del Toro, creo que el curry no cuela.

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Kore-Eda, cursi en «Nuestra hermana pequeña»