Una gélida Deneuve abre Cannes, que espera a Haynes y Sorrentino

Incluso antes de empezar, la polémica reina en la 68.ª edición del festival por la explicitud sexual del cartel del nuevo filme de Gaspar Noé, «Love»


Cannes / E. La Voz

Es miércoles y la Croisette arde ya a primera hora. Un sol de guillotina para una película inaugural que pinta fría, La cabeza alta, en la que se da un homenaje Catherine Deneuve, cada vez menos gélida y más perfil aseñorado del tipo de cuando Carmen Sevilla leía el cuponazo. Cannes arde también porque tiene ya piedra de escándalo: se llama Love, la dirige Gaspar Noé, el argentino desenfrenado especialista en broncas -la violación de Monica Bellucci que estremeció las retinas de este festival en el 2002, en la brutal Irreversible-, y su cartel, con un primer plano de un pene en plena eyaculación, ha generado fenómenos virales, iras y filias. De momento, por si acaso, Thierry Fremaux, el jefe de todo esto, ha desterrado a un pase de madrugada al filme de Noé. Castigado por payaso.

De entre las diecinueve películas que se disputan la Palma de Oro, de las que más se habla -mientras la alfombra roja se despereza- son la adaptación que Todd Haynes ha realizado de Carol, la historia de amor lésbico que Patricia Highsmith escribió en penumbras, y que protagonizan Cate Blanchett y Rooney Mara; del retorno de Paolo Sorrentino en Youth, con Michael Caine y Harvey Keitel retomando el discurso decadente del Jep Gambardella de La Grande Bellezza; y del taiwanés Hou Hsiao-Hsien, quien en The Asassin ha empleado doce años en reconstruir a su modo un filme del género wuxia de artes marciales.

También, claro, se espera mucho de los dos muchachos que ya saben donde crecen las palmas de oro: Nanni Moretti, que se presenta con la cinta Mia Madre, protagonizada por John Turturro y Margherita Buy, y Gus Van Sant, que viaja a un Japón trascendente con Naomi Watts y el especialista en piltrafas humanas deshabitadas Matthew McConaughey.

Hay otra serie de cineastas a los que Cannes reverencia y da siempre alguna que otra palmadita en el palmarés: el chino Jia Zhank Ke, erigido en feroz crítico desde dentro del capitalismo de Estado; el italiano Matteo Garrone -recuerden Gomorra-, que propone una onírica pesadilla de hadas con el tándem Salma Hayek y Vincent Cassel. Y el japonés Kore-Eda, obsesionado con filmar niños en películas cada vez más vacías y ñoñas. La que presenta en esta ocasión, Our Little Sister, promete entusiasmar a nostálgicos de La casa de la pradera.

De Palma y otros «outsiders»

Como outsiders en la sección oficial, seduce mucho la idea argumental de The Lobster, obra del griego Yorgos Lanthinos, distopía en la que los humanos sin pareja son obligados a copular en 45 días o, de otra forma, serán transformados en el animal de su elección. Colin Farrell y Rachel Weisz pululan con miedo a la cópula en esta rareza tan prometedora.

Y en cuanto a las cuatro películas francesas, mucho más que los sospechosos Jacques Audiard o Maïwenn, apetecen el largometraje de la emergente Valerie Donzelli y el duelo de colosos franceses entre Gérard Depardieu e Isabelle Huppert, perdidos en el desierto californiano de Valley of Love.

En desembarcos fuera de concurso, el relanzamiento de la franquicia apocalíptica Mad Max, lo último en animación de la Pixar -Inside Out- y el encuentro de Woody Allen con el loco egregio Joaquin Phoenix en Irrational Man.

El cine español ya saben que no es plato de gusto en el escaparate de Cannes, salvo Pedro Almodóvar, al que andan picasseando, intentando nacionalizar. Así que, a falta de película del cineasta manchego, Thierry Fremaux ha tenido la bizarra idea de incluir en su jurado de divinidades, junto a los hermanos Coen, a Xavier Dolan o a Sophie Marceau, a la también picassiana Rossy de Palma. Ya puestos a buscar outsiders, quién supera a una De Palma en el jurado de Cannes.

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