Francisco Alonso-Fernández, autor de «Don Quijote, el poder del delirio»: «Don Quijote creía que todas las mujeres se enamoraban de él»

Dice que el personaje era un «loco lúcido» y que no lo trastornó la lectura


A Coruña / La voz

«Él se enfrascó tanto en la lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio, y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio». Esto escribió Miguel de Cervantes del hidalgo Alonso Quijano hace más de 400 años. Ahora el catedrático emérito de psiquiatría y presidente de honor de la Sociedad Europea de Psiquiatría, Francisco Alonso Fernández (Oviedo, 1924), ha logrado que el caballero andante se tumbara en su diván. El resultado aporta algunas conclusiones sorprendentes: «Don Quijote es un loco lúcido»; «hay que descartar el abuso de la lectura como causa de su locura»; «era un erotómano platónico porque creía que todas las mujeres con las que hablaba se enamoran de él» o que «su vida está sintetizada en el deber y el amor». Alonso Fernández, que durante años ejerció en Galicia, ha recogido los resultados de su análisis psiquiátrico en el libro Don Quijote, el poder del delirio (La hoja del monte) que presentará el próximo viernes en la patria del hidalgo, Argamasilla de Alba, la población a que alude el clásico: «En un lugar de La Mancha...».

-¿Es posible tratar al Quijote como a un personaje humano?

-Si nos atenemos literalmente al Quijote advertimos que Don Quijote nació en la conciencia identitaria del hidalgo Alonso Quijano como una metaficción, o sea una ficción de ficción. El ente engendrado por la imaginación del hidalgo con una convicción delirante tomó un desarrollo humano independiente, asumiendo el protagonismo de la novela.

-¿Cervantes humanizó a Don Quijote o lo caricaturizó?

-Cervantes pagó cara la guasa de infundir vida humana a Don Quijote. Lo hizo tan entrañablemente popular que se hurtó a si mismo fama, honores, monumentos y panegíricos literarios. Todavía hoy es más conocido en los cenáculos literarios «Don Quijote hombre que su creador». Así que, como ser humano, Don Quijote ha incurrido en una doble usurpación: de la gloria a Cervantes y de la identidad del pobre hidalgo Alonso Quijano. Entre los escritores de la generación del 98, alineados en torno a Unamuno y Azorín, se acrisoló la fantasía simbólica del caballero Don Quijote como guía para la regeneración de España. Se llegó a incurrir para ello en el desafuero de identificar a Don Quijote como una persona de carne y hueso no controlada por Cervantes.

-¿Por qué es «un loco lúcido»?

-Es un título que tiene por méritos propios porque es un enfermo mental auténtico, dotado al tiempo de una asombrosa lucidez discursiva. El psiquiatra francés Jean-Etienne Dominique Esquirol definía así los locos lúcidos: «Los locos que no parecen locos porque se expresan con lucidez. Son más locos en sus actos que en sus palabras». Tanto en la temporalidad como en la espacialidad se muestra Don Quijote como un paciente hipomaníaco clásico, si bien prendido a un delirio megalómano sistematizado.

-¿Por qué descarta la lectura como causa de la locura?

-Es algo que Cervantes escribió influido por las ideas vigentes en su tiempo. Desde Aristóteles se pensaba que la lectura excesiva podía ser nociva y por eso se les veía tan melancólicos.

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