Celso Castro: «Tengo rabia a los escritores, se les da más importancia de la que tienen»

El autor de «entre culebras y extraños» atribuye a la lírica su especial grafía


A Coruña / La Voz

«El narrador es como una especie de agujero negro y en lugar de guiarte como haría un narrador omnisciente, te atrae con sus historias». Esto apunta Celso Castro (A Coruña, 1957) autor de media docena de novelas, la última, entre culebras y extraños (Destino), protagonizada por un adolescente enfermizo, huraño y lector de Schopenhauer. Son textos sin mayúsculas, sin nombres de protagonistas que empiecen por I, sin que la trama sea prioritaria: «Lo que me interesa es la voz narrativa en primera persona, más que los argumentos». Había contratado con Libros del Silencio, del fallecido editor gallego Gonzalo Canedo, la trilogía Relatos del yo, con títulos como el afinador de habitaciones o astillas. Ahora, «la distribuidora sigue vendiendo, pero lo cobran ellos, a mí no me dan razón de nada y no sé qué va a pasar...», dice un autor del que Enrique Vila-Matas ha escrito: «Considero un acto de justicia poética advertir de la subversiva valía de Celso Castro».

-¿Solo escribe de lo íntimo?

-La voz narrativa es el fondo de la novela. Pongo a un narrador a contar y la novela va surgiendo, porque no hay planificación. Hay una línea narrativa que llamo línea emocional, que es la que une todo lo que pasa. Vengo de la poesía y hacer una novela planificada para mí es aburridísimo. Sería como un trabajo mecánico y a mí me gusta ser creativo. Prefiero seguir la línea del narrador que habla y yo lo escucho. Por eso, más que de un lector, prefiero hablar de un escuchador, y eso me lleva a desaparecer como autor, a no estar presente entre el narrador y el escuchador. Eso es lo más difícil porque son novelas en primera persona. Es muy difícil dejar el ego fuera, muy difícil, en cualquier tipo de literatura.

-¿Por eso el protagonista de esta novela habla de «una gran escritora, uno de esos sacos de petulancia»?

-[risas] Sí, le tengo mucha rabia a los escritores, porque se les da más importancia de la que tienen. La mayor parte son como oficinistas: tienen ese trabajo, un vocabulario, unos truquitos literarios, no son artistas, no son creativos...

-¿La escritura es un arte?

-Para mí la literatura es un arte y lo otro no es literatura, es comercio y libros. Proust no tiene nada que ver con Pérez Reverte, aunque los dos escriban hojas, libros. Para unos es una expresión personal y para otros social.

-¿Por qué no usa mayúsculas?

-Porque empecé con la poesía, y en poesía no ponía comas, ni puntos. Me gustaba más que un verso estuviese limpio, que no hubiese la letra primogénita que le llamo yo, que no tuviese esa relevancia. Esta es una forma de desnudez, de buscar la sencillez y la desnudez de la prosa.

-¿A quién lee?

-A los clásicos, muchísimo. Ulises, de Joyce, lo leí tres veces. En busca del tiempo perdido, otras tres. Dostoievski, Henry James, a Kafka lo leí mucho... Casi toda literatura europea y también poesía. Pero leo mucho más de todo el resto, de psicología, de arte o de ensayo, más que de literatura.

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