Los príncipes de Disney por fin lloran

El estreno de la versión en carne y hueso de Cenicienta, de Disney, esconde una sorpresa. Por primera vez el príncipe de «La Cenicienta» tiene nombre, Kit. Pero sobre todo, por primera vez un príncipe de Disney tiene emociones humanas. El de la Cenicienta de Branagh incluso llora dos veces en la película. Y eso, no solo en Disney, es una revolución


Corresponsal en Nueva York

A pesar de que en 1980 Joaquín Sabina escribió una canción en la que decía que «las niñas ya no quieren ser princesas», lo cierto es que el cantautor debía saber muy poco sobre las niñas porque la mayoría de ellas lo que quiere ser es precisamente eso, princesas. Pero no cualquier princesa, lo que la inmensa mayoría de las niñas de todo el mundo quiere, por lo menos durante los primeros años de sus vidas, es ser princesas de Disney, para desesperación de sus madres.

La influencia de la compañía de dibujos animados es gigantesca en las infancias de nuestros hijos, sobre todo en las de las niñas. Eso ha hecho que desde hace unos años fundamentalmente en Estados Unidos se analicen los productos Disney con lupa. Feministas, sociólogos, pedagogos? todos alertaron del modelo nefasto que enviaban los dibujos animados más populares a los niños.

Las mujeres aparecían como personajes pasivos y solo les interesaba conocer a un hombre, un «príncipe azul», que las salvase y las llevase a su reino. Y de esos príncipes mejor no hablar, porque su única función era la de rescatar a esas mujeres y casarse con ellas. La mayoría de ellos por no tener no tenían ni nombre más allá de Príncipe Azul, o Charming. Las constantes críticas comenzaron a hacer efecto y desde hace unos años Disney introdujo algunas variantes en los caracteres de sus personajes que los hacían algo más cercanos a la realidad. No muchas, todo hay que decirlo, pero al menos comenzaron a mostrar mujeres que tomaban decisiones por sí mismas y que no dependían solo de la aparición del hombre indicado. Los personajes femeninos empezaban a cambiar y aparecía Mulan, que peleaba como un soldado más; Tiana, la protagonista de Tiana y el sapo, que desprecia al vago de su compañero mientras lucha por conseguir su restaurante; Mérida la niña escocesa de Brave, que no quiere casarse ni seguir las normas o Elsa y Anna, de Frozen, que tienen poco que ver con la imagen tradicional de las princesas Disney de hace unos años.

Pero mientras los guionistas de Disney introducían algunos rasgos contemporáneos en sus heroínas, sus príncipes permanecían inmutables.

Todos ellos sonrientes, guapos, jóvenes, valientes y planos. Hasta la llegada de Kit. En esta nueva versión de Cenicienta, Kenneth Branagh, su director, le pone nombre a Cenicienta, Ella, y a su príncipe, Kit. Hace que se conozcan antes del baile y que el príncipe se emocione, casi hasta las lágrimas, ante esa chica montada a caballo que ni siquiera necesita silla de montar y muestra algo de profundidad en la relación del príncipe con su padre, el rey. Una relación cuyo contenido queda patente en el momento de la película en el que Kit se echa en la cama en la que está su padre moribundo y llora a lágrima viva mientras este le abraza. La Cenicienta de Branagh tiene muy poco más de modernidad. El director británico se ha limitado a trasladar la versión clásica del cuento tal cual a las pantallas. Vestido, eso sí con un decorado barroco que es espectacular. Pero aunque solo sea por ver al príncipe llorar merece la pena ir al cine. Sobre todo porque esta versión de La Cenicienta puede marcar una nueva revolución en Disney: el momento en el que los personajes masculinos se hicieron humanos y dejaron de ser de cartón piedra.

Campañas por la igualdad

El drástico cambio en Disney se alía (es cierto que por el momento de manera muy débil, pero un cambio es un cambio), con una serie de campañas en Estados Unidos. Estas campañas que tienen como fin la igualdad han comenzado a centrar su atención en los niños y no en las niñas. Lo que tratan de desterrar para siempre es la imagen de los hombres como machos alfa, como seres desprovistos de emociones y la frase que recoge a la perfección toda esa ideología es, sin duda alguna, «los niños no lloran». Así que estos intentos por dar un paso más hacia la igualdad intentan decirles a los niños que los hombres sí lloran, se emocionan, tienen miedo o necesitan ayuda.

Seguro que estas campañas harán que algunos niños descubran que pueden mostrar sus emociones pero, también es seguro, que de manera mucho más potente, la idea de ver a todo un príncipe de Disney sollozando contribuirá a este objetivo.

El primero: Blancanieves

Florian es el primero y el príncipe salvador por excelencia. Despierta a Blancanieves con su beso de amor y viven felices para siempre.

El clásico: La bella durmiente

Felipe tiene todos los ingredientes del príncipe clásico: valiente y elegante, hasta tiene que luchar contra un dragón para rescatar a su amada, la bella durmiente.

El ambiguo: Mulán

El capitán Shang revolucionó el perfil de héroe Disney, entre otras cosas por su ambigüedad sexual, ya que en la película parece sentir atracción por Mulán antes de que esta descubra que es mujer. Es, además, compañero y no hombre rescatador.

El protagonista: Aladdin

Aladdin fue el primer príncipe que no pertenecía a la realeza en incorporarse a la lista, en 1992. Se casó con la princesa Jasmine y obtuvo el rango, además de quitarle casi todo el protagonismo.

El de piel morena: Tiana y el sapo

Con Naveen, de Tiana y el sapo, llegó la polémica: por fin había una princesa de color, pero, sin embargo, el príncipe era más bien tirando a blanco. El modelo cambiaba también de príncipe protector a príncipe fiestero, despreocupado y mujeriego.

El nuevo modelo

En la nueva versión de Cenicienta el actor Richard Madden -Robb Stark en Juego de Tronos- da vida a un príncipe más cercano y humano, con capacidad incluso para llorar, algo nunca antes visto.

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