Música que borra las distancias

El Cesga y la USC experimentan con tecnología que permite a dos músicos ensayar separados por 2.700 kilómetros con un alto nivel de interactividad


redacción / la voz

La revolución digital ha transformado la música en toda su amplitud: desde nuevas herramientas para la composición e interpretación, hasta la grabación, difusión y comercialización de las creaciones. Recientemente, la Orquesta Sinfónica de Galicia ha comenzado a retransmitir conciertos en directo a través de YouTube en calidad HD y el Centro de Supercomputación de Galicia y la Universidade de Santiago han desarrollado experimentos en los que la tecnología permite a artistas borrar las limitaciones espaciales para tocar juntos.

El Cesga y el equipo de Canal Campus han conectado al guitarrista y compositor gallego Pablo Novoa con el violinista italiano Sebastiano Frattini para que ambos ensayasen el clásico Sunny de Bobby Hebb y el ubicuo Get Lucky de Daft Punk. 2.700 kilómetros los separaban, Novoa en Cáceres y Frattini en Trieste, cuyo conservatorio Giuseppe Tartini ha desarrollado la tecnología LOLA que está haciendo posible este tipo de colaboraciones a distancia. Esta tecnología proporciona una interactividad elevada de la que carecen, por ejemplo, las clases que ya se imparten por videoconferencia, al reducir la latencia, es decir, la demora que se produce en la red, y acercar la experiencia a lo que sería tocar en la misma habitación. «Sistemas como LOLA, utilizado en la experiencia Cáceres-Trieste, eliminan todo el procesado posible para minimizar la latencia e incorporan interfaces de audio profesionales, mejorando la experiencia a nivel de interacción y de calidad de sonido en estos entornos, acercándose más a lo que serían las clases presenciales», explica Natalia Costas Lago, técnico superior de telecomunicaciones del Cesga y responsable del experimento.

La latencia se percibe a partir de los 25 o 35 milisegundos de retraso y puede convertirse en una pesadilla para músicos que aspiran a tocar conjuntados con la mayor precisión. Para conseguir reducirla hasta que no interfiera en la ejecución musical intervienen numerosos factores: «Todos los elementos entre emisor y receptor son importantes, como son los sistemas de captura/emisión de audio, cableado, la configuración de las tarjetas de sonido, los servidores, el software, la red (o redes) que interconectan a emisores y receptores», enumera Costas. Si además de audio la transmisión incluye vídeo, como ocurrió en el experimento de Cáceres y Trieste y que sería fundamental, por ejemplo, en el caso de una orquesta que sigue las indicaciones visuales de un director, se añaden otros requisitos adicionales como son el ancho de banda, la propia latencia de la señal de vídeo y los sistemas de captación de imagen y su proyección. Por ello, una comunicación en la que apenas se perciba la latencia debe desplegarse sobre redes muy fiables y rápidas, algo lejano todavía de las domésticas. «En cualquier caso, es lógico pensar que los sistemas e infraestructuras evolucionen hasta que sean desplegables en redes comerciales y desde accesos domésticos», explica Costas.

Las aplicaciones de esta tecnología no se limitan solo al campo musical, sino que son extensivas a otras actividades que quieran reducir o evitar desplazamientos sin sacrificar la interactividad y la calidad en la comunicación. Costas cita la telemedicina como ejemplo de un entorno que requiera de «tomas de decisión crítica y rápida, para el cual la imagen de alta resolución y baja latencia es deseable».

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