«Me imagino que creer en un dios debe de tener muchas ventajas»

Afirma que cuando comenzó su carrera literaria, en 1980, «pensaba que escribiría solo el primer libro, creía que nunca tendría una idea para otro»


santiago / la voz

Julian Barnes (Leicester, 1947), uno de los escritores británicos más reconocidos y laureados internacionalmente, recibió este miércoles en el IES Rosalía de Castro de Santiago el premio literario San Clemente de novela extranjera del 2008. Entonces no lo recogió porque coincidió con el fallecimiento de su esposa, por lo que dejó de viajar durante un tiempo: «Ese es un tema del que prefiero no hablar», dice.

-Acaba de ver una exposición de las obras premiadas con el San Clemente, ¿qué le parece?

-Es un premio bonito para ganarlo. Es excepcional que lo fallen estudiantes. Vi con mi agente la exposición, y coincidimos: esto en Inglaterra no sería posible.

-¿Por qué no?

-Porque no hay tanta reverencia por la literatura, como se observa en Europa. Los ingleses están más en la línea americana: lo relacionado con literatura empieza a tener que ver solo con Internet, y con secciones pequeñas.

-Le premian por «Arthur & George», ¿qué posición otorga a esta novela en su producción?

-En cierto modo es un trabajo atípico, porque siendo muy largo lo escribí en poco tiempo. Generalmente escribo libros más cortos, que me llevan más tiempo. Al principio de mi carrera publiqué novelas policiales con un seudónimo, y esta obra fue como retomar aquel inicio, porque hay una intriga policíaca. Y a pesar de los años transcurridos es un libro muy vivo, acaban de hacer una serie de televisión en tres capítulos sobre esta obra.

-¿Qué opina de la adaptación?

-Solo he visto el primer capítulo, este lunes, y me gustó. La televisión inglesa adapta muy bien. Me parece una forma de arte diferente a la escritura y no intervengo. Leí el primer y el último guion y di mi aprobación.

-Introduce como personaje a Conan Doyle, ¿se imagina una novela dentro de unas décadas con usted entre los protagonistas?

-Mi vida no me parece tan interesante, nunca me he visto en un caso semejante. Escritores como Bernard Shaw, H. G. Wells o Doyle se veían involucrados en casos públicos. Doyle incluso expuso alguna reivindicación en Downing Street al primer ministro sobre causas públicas. Y si a mí se me ocurriese ir junto a David Cameron para plantearle algo semejante tal vez ni me recibiese.

-Se ha basado en elementos reales, ¿cambiaría alguno?

-El libro tiene dos partes: la vida de Arthur Conan Doyle, bien documentada; y la parte de George, que en cualquier biografía de Doyle ocupa como mucho una página. Por eso toda esa parte, sus ambiciones, su carácter, la tuve que inventar. En cierto sentido es un libro muy diferente a otros; es una mezcla de documentación e invención.

-Con este libro fue finalista del premio Booker; que después ganó con «El sentido de un final». Son sus únicos títulos traducidos al gallego. ¿Es mejor el que ganó el Booker?

-No, Arthur & George no es menos serio e importante. Además del punto de vista de novela policíaca, tiene otras lecturas, como la vida espiritual y la vida emocional. Los tres aspectos convergen, eso le da profundidad. Es una novela muy seria sobre las certezas humanas y qué es tener una certeza. Mucha gente la definió como un thriller de emociones. Quizá ambas obras tengan más en común de lo que parece.

-Le traducen, y usted también tradujo al francés Alphonse Daudet, ¿cómo le resultó ese trabajo?

-Muy duro. Me llevó cinco veces más tiempo traducir ese pequeño libro de Daudet, o quizá más, que el que tardó él en escribirlo. Cuando se publicó en inglés La Regenta el traductor opinaba en una introducción más o menos lo mismo.

-¿Se relaciona con sus traductores?

-Sí, siempre estoy disponible para ellos.

-En «Nada que temer» usted escribió «No creo en Dios pero le echo de menos», ¿lo mantiene?

-Lo mantengo. Nunca he creído en Dios, ni he tenido un sentimiento religioso. Pero a veces tengo la sensación de que cuando la gente cree en Dios toma las cosas más en serio, les da otra dimensión. Me imagino que creer en un dios debe tener muchas ventajas; los que no creemos tenemos que hacerlo lo mejor posible nosotros solos.

-En 1980 se estrenó con Metroland. Entonces tenía poco más de 34 años y ahora 69. ¿Vive el futuro literario que imaginaba?

-No. Cuando empecé como escritor tardé ocho años en escribir el primer libro, y creía que nunca tendría una idea para otro. Para nada me imaginaba que a los 69 años estuviese pensando en ideas para unos cuantos libros más que me quedan aún por escribir.

-¿Aprovecha en su trabajo literario la relación con su hermano, el filósofo Jonathan Barnes?

-Muchas veces trato de sacarle información sobre temas. Esa frase sobre Dios que citaba antes se la envié y me respondió que era sentimentaloide. Otras veces me dijo que no entendía lo que le preguntaba. Es muy severo.

-Le han calificado de escritor posmodernista, ¿lo asume?

-Si eso quiere decir que mis libros gustan, estoy de acuerdo. Los críticos ponen etiquetas, pero los escritores, no; yo también las pongo, pero no a mí mismo.

-¿Se plantea conseguir el Nobel?

-Haría cualquier cosa para ayudar a que me lo diesen.

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