Holanda se desentiende de los daños en la fuente de Pietro Bernini en Roma

Un grupo de hinchas radicales del Feyenoord ocasionó graves desperfectos en este emblemático grupo escultórico, de 1629, que acababa de ser restaurado


Roma / Corresponsal

Los comerciantes del centro histórico de Roma no olvidarán los días 18 y 19 de febrero del 2015 cuando se vieron obligados a cerrar sus tiendas ante los miles los hinchas del Feyenoord que habían tomado por asalto la ciudad. Oleadas de vándalos incontrolados que devastaban todo aquello que encontraban a su paso, desde Campo dei Fiori hasta el Pincio, para terminar adueñándose de uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, la plaza de España. Desde la escalinata se organizó un lanzamiento de botellas y vasos que terminó con una emblemática víctima: la fuente de la Barcaccia, obra de Pietro Bernini (1626-1629). Son 110 las heridas que los restauradores han contado en el mármol de travertino del monumento, aunque el mayor destrozo lo sufrió el candelabro central. Según los expertos, «los daños son irreparables y permanentes» -aunque a la vista «no parezcan enormes»-, ya que no será posible reparar muchas de estas mellas.

Nada más conocerse la noticia un sentimiento de rabia y frustración asoló la ciudad. De él se hizo portavoz su alcalde, Ignazio Marino, que se apresuró a exigir al embajador de Holanda el pago de los desperfectos: «Hemos tenido una larga conversación y le he preguntado si tenían la intención de pagar los daños. Me respondió que no considera que el Gobierno holandés tenga que pagar una nueva restauración de la Barcaccia». Ahmed Aboutaled, alcalde de Róterdam, sede del equipo de fútbol del Feyenoord, habló de comportamiento «reprobable de una parte de los hinchas. Naturalmente estamos dispuestos a ofrecer nuestra colaboración para localizar a los individuos que han cometido los destrozos», pero tampoco él ha hablado de dinero. No fue hasta el pasado lunes cuando el Feyenoord envió una carta al club de fútbol Roma para pedir disculpas de manera privada: «Hacerlo públicamente habría significado que reconocemos en los hinchas en acción en Roma a seguidores del club, mientras que el Feyenoord no tiene nada que ver con esa gente», dejaron bien claro los dirigentes holandeses.

Tampoco faltó la polémica entre el alcalde y las fuerzas de seguridad italianas a cerca del control de los radicales visitantes. A juicio de Marino, no tenían que haber llegado a protagonizar los actos de vandalismo y de guerrilla urbana que se registraron y que acabaron con la detención de 28 personas que fueron condenadas por el procedimiento de urgencia a una pena de seis meses de cárcel que al final derivó multas de 45.000 euros por persona.

Desde septiembre la Barcaccia había vuelto a lucir su mejor aspecto a los pies de la escalinata de plaza de España tras haber pasado por una importante restauración que costó 200.000 euros, pagados con fondos privados, y once meses de trabajos. Los destrozos de los hinchas han sido un insulto para la restauradora Luigia Gambino: «Cuando lo vi, me entraron ganas de llorar, creo que es una maldad gratuita hacia la ciudad de Roma. Esta fuente es para mí como una hija y encontrármela así ha sido un gran dolor». En una primera inspección, en medio de la basura, de vasos y de botellas rotos, halló un trozo de mármol que correspondía al candelabro central. Aunque más tarde fue encolado, siempre quedará como recuerdo del paso de los vándalos una serie de mellas, provocadas por el lanzamiento de botellas, que difícilmente podrán repararse.

Y si las autoridades de Holanda se desentienden de los destrozos de sus ciudadanos, no todos asumen esa respuesta. Elisabeth Jane Bertrand ha lanzado la campaña Perdona Roma para «permitir que los holandeses vuelvan a la Ciudad Eterna con la cabeza alta y mostrar que no solo tienen buenas palabras y buenas intenciones». En apenas tres días ya ha reunido 6.500 euros, aunque el objetivo es mucho más ambicioso: sumar 100.000 euros con la sencilla invitación de que cada holandés contribuya con lo que cuesta un ramo de tulipanes.

También en Italia han sido muchos, empresas, instituciones y bancos, los que se ofrecen a costear la reparación, aunque la propuesta del alcalde romano de organizar un partido amistoso Holanda-Italia no haya logrado apoyos.

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