Un puente artístico desde Shanghái

Los gallegos Lucía y Hugo viven desde hace ocho meses en la ciudad china, donde se impregnan de sus costumbres y adaptan sus creaciones a la cultura asiática


redacción / la voz

El arte no tiene fronteras, pero para entender las diferentes culturas y saber interpretarlas hace falta meterse de lleno en ellas. Eso es precisamente lo que han hecho Lucía García Rey y Hugo Aldatz, o lo que es lo mismo, Maya Kapouski y Olaf van Dod, nombres artísticos de dos fotógrafos y diseñadores gráficos, él de Pontevedra, ella de A Coruña, que viven desde hace ocho meses en la ciudad china de Shanghái y donde se impregnan cada día de la cultura china.

Su aventura asiática comenzó la pasada primavera. Una amiga les puso en contacto con una empresa que buscaba gente para su departamento de comunicación. «Y no nos lo pensamos dos veces», recuerdan.

Hugo es creativo en una distribuidora de material y ropa de skate; se encarga de adaptar los diseños de las empresas americanas a las necesidades del mercado chino y trabaja también en la creación de su propia marca. Lucía, especializada en fotografía artística y de moda, realiza trabajos freelance para diversas empresas. En su tiempo libre, ambos intentan impregnarse al máximo de la tradición china. «Tenemos la sensación de que en los últimos años la gente de aquí se ha tenido que adaptar a los foráneos en vez de al revés», explican. Así que ellos han decidido hacer lo contrario para su enriquecimiento personal: «Somos muy curiosos y nos gusta preguntar y probar, especialmente la comida». Y han confirmado una vez más que lo que en España se entiende por comida china está lejos de la realidad: «Tienen una enorme variedad de platos y sabores increíbles». Cuentan que comer en la calle es muy barato, así que salen a cenar fuera a menudo. Y ya son conocidos entre los dueños de los pequeños restaurantes de la zona en la que viven, la Concesión Francesa, un barrio tranquilo y en el que intentan adaptarse al máximo a sus tradiciones: «Les encanta que queramos probar la cocina local».

Y mientras, su día a día gira en torno al arte, al skate y a esa curiosidad por conocer a fondo a la sociedad asiática. «Al principio nos llamó mucho la atención la desinformación que hay en España sobre China, tenemos una idea muy estereotipada y falsa, que está lejos de esta realidad», reconocen. Cuando llegaron, les chocaba mucho la diferencia de lo que se entiende por buenos modales, y les sorprendían las aglomeraciones de gente: «Era muy agobiante tener que ir en metro a hora punta o pasear por el centro en fin de semana, nunca habíamos visto tanta gente junta»; detalles que, ocho meses después, ya ven más habituales.

Otra forma de emigrar

La experiencia migratoria de Lucía y de Hugo es diferente a la que está obligando a salir a miles de jóvenes de España en los últimos tiempos. Ellos piensan que la gente que cambia España por China busca además una experiencia vital, un cambio cultural: «Este es un país muy grande en el que cada trabajo y cada vivencia es un mundo, una experiencia muy enriquecedora».
También aprecian grandes diferencias en el aspecto laboral: «Las condiciones de trabajo son más duras y exigentes que en España, pero también tenemos la sensación de que aquí el trabajo no es una carga ni una preocupación tan grande como allí».

Y su aventura asiática no ha hecho más que comenzar. Juntos, preparan un gran proyecto para Filipinas, que será su siguiente paso en el continente. Su idea es mantener los clientes en Shanghái para después «ir y venir desde Europa», hacer de puente entre los dos continentes a través de sus creaciones artísticas.

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